27 de noviembre de 2008

QUEDARSE


Es una simple foto, otra de tantas que aparecen en el periódico. En mi rápida primera vista mi mano se ha hecho la remolona. Son tres hombres sonrientes. Deben rondar los 40 el menor y no llegar a los 60 el mayor. Leo que son hermanos. Sí, se parecen bastante. Inmigrantes. Bolivianos, para más señas. Están sonrientes y se abrazan por los hombros. Detrás un murete y los restos de andamiaje de una obra. Ramber, José y Zenón. Esos son sus nombres. Están en Logroño, y celebran el retorno a Bolivia del mayor de ellos, José. Llevaba tres años durísismos en España, tanto que solo con la ayuda de los servicios sociales reunió el dinero para regresar a la miseria de la que huía. Pero como dicen muchos, si he de pasarlo mal, que al menos sea con mi gente. La fiesta de despedida tuvo lugar en una pequeña finca a las afueras de la ciudad. En ella había una caseta (la que se adivina en la foto) para las herramientas donde los tres hermanos se quedaron a apurar sus últimas horas juntos. Un generador les daba luz. Su mala combustión les quitó la vida, a los tres. Esta historia me sume en una profunda tristeza y me hace sentir insignificante ante el capricho de un destino en el que me afano en no creer, y que tozudo, me va dando esquirlas de su evidencia. Nunca quisieron salir de su país y tuvieron que hacerlo a la fuerza y ahora, a la mayor fuerza que se conoce, la de la muerte, han tenido que quedarse, para siempre, en un país que jamás les agradecerá el esfuerzo. Empiezo el día triste, como el cielo, plomizo y gris, haciéndome una pregunta: ¿cuantos Josés, Rambers y Zenon hay esperando su destino?.

1 comentario:

Dudu dijo...

Cada uno escribe su destino.
¿es esto cierto? ¿fatalidad? ¿casualidad?