28 de septiembre de 2007

EL SPEAKER Y EL SUBNORMAL (Y VICEVERSA)


Ayer fui al Bernabeu. Invitado, hace años que decidí que, salvo fuerza mayor (entiéndase, mi hijo) jamás pagaría por ver un partido de primera división. Estuvimos en el fondo sur, justo encima de los Ultras Sur. He ido otras muchas veces pero, casualmente, justo en la otra punta del estadio. Desde allí se adivinan los cánticos cuando es el grupo el que se lanza, pero no se oye a la persona, que megáfono en mano, los va dirigiendo. Gracias, entre otras cosas, al desastroso espectáculo que había entre las porterías, me costó prestarle más atención al balón que al speaker (¿hablador sería en castellano?). Era un tipo con toda la parafernalia ultra y fascista y con esa falsa arrogancia que te da, por un lado, un público entregado y el anonimato de la masa violenta. Y además, tonto, porque paga por entrar a un estadio para pasarse el partido entrero dándole la espalda al partido. Lo primero que me sorprendió fue que el maestro de ceremonias no solo invitaba a cantar, sino que como un afamado monologista iba contando historias, que recibían, por su puesto, la respuesta de su descerebrada audiencia. Contaba lindezas del estilo como que alguien había dejado entrar a un sudaca en el grupo, pero tranquilos, que habían echado al mono y se había quedado con el carné de socio, que tenía bien guardadito. Fue gracioso que para desprestigiar a un periodista deportivo usara la frase "es que hay gente a la que le dan un micrófono y no para de decir tonterías". Que me pregunto yo, ¿no se sentirá aludido él mismo?.
Mediado el partido ya nos habíamos olvidado del cantautor de chorradas y sus colegas los mariachis del racismo e intentábamos centrarnos en el partido. Pero es que el Madrid y el Betis se empeñaron en aburrirnos de tal manera que desgranamos a charla perdida todas las grandezas y miserias del mundo. Y fue entonces cuando se cruzó ante nosotros el subnormal. Voy a contar algo que ocurre comunmente en un estadio, para aquellos que no hayan ido mucho. Los palcos son lugares de honor que normalmente contratan empresas y llevan ahí a sus directivos o a clientes a los que quiere pelotear. Son zonas cerradas en las que hay azafatas, bebida, comida y un televisor que retrasmite el partido que estás viendo. Entonces es un acto reflejo y una tradición que los que estamos en las gradas cuando hay una jugada polémica, que si ha sido fuera de juego o no, nos demos la vuelta para que la repetición en la televisión del palco nos de o nos quite la razón. Ellos, dentro, además de admirar el futbol y las caderas de la camarera (el porcentaje de hombres es casi absoluto) adornan todo estos con ingentes cantidades de alcohol, con lo que al calorcito de los colegas los hay que se van creciendo. Este fue el caso de nuestro amigo el subnormal, que debía sentir envidia del protagonismo del speaker y no quería perder el premio del Tonto del Estado, al parecer muy cotizado. El caso es que ya casi al final del partido hubo una jugada polémica y se cumplió la tradición y todos nos dimos la vuelta. Momento en el que el subnormal, haciendo honor a su seudónimo, se puso en pie acalorado y fue hacia la televisión, con tan mala suerte y torpeza que tocó cuatro o cinco botones y tras unos largos quince o veinte segundos logró apagarla. Hubo tímidas manos dentro del palco para que no hiciera el ridículo, pero estaba el muchacho crecido. Y ya os podéis imaginar el cachondeo general entre la grada, viendo como aquel descerebrado intentaba apagar la televisión para que no pudieramos gozar de "sus" repeticiones. Al sentarse miró a la grada, yo creo que inconsciente de la magnitud de su idiotez y dijo "a pagar si queréis verlo". Ahí ya el idiota, pringado, borracho y demás se derramaron por la grada entre risas después del patético espectáculo. Estoy seguro de que los diez minutos que quedaron de partido se le hicieron eternos y fue cuando se dio cuenta de que había hecho el ridículo y fastidiado a la grada de un estadio. Se iba levantando la gente y le íbamos regalando lindezas, unas más simpáticas que otras. Es patético lo que la exculsividad y la diferencia puede herir el criterio de la gente, porque, resumiendo, este tipo prefierió quedarse sin ver una repetición a que todos, incluido él, pudiéramos verla. Realmente triste, lo malo que es el dinero. En fin, que al final el partido fue un tostón, como casi siempre, pero yo me divertí como nunca.

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