5 de mayo de 2009

EL TRAJE


Si me preguntaran diría que no uso traje. Pero no es cierto, uso traje, lo que no uso es la corbata. Tengo la costumbre de pensar que todo lo que cuelgue de mi cuerpo debe tener una utilidad. ¿Cuál es la utilidad real de la corbata?¿evitar que una gota de aceite de la comida caiga sobre la camisa?¿servir de cinta para el pelo a padrinos borrachos? Me gusta comprarme ropa, pero la ropa que llevo sirve para algo siempre, cubrirme la piel, darme calor, evitar que me queme el sol. No uso anillos, ni pendientes, ni collares, ni pulseras y desde que tengo móvil, ni reloj. Pero pantalones de traje, camisa y hasta chaqueta, llevo. Por suerte en el trabajo puedo relajarme en la vestimenta. Y siempre ha sido así, no sé si por suerte o por convencimiento. Así que puedo ir un día con vaqueros y con camisa y al día siguiente con traje a rallas y chaqueta. El caso es que recuerdo una anécdota con esto del traje que pasó hace muchos años y de la que me sigo acordando. Como ya he contado en otro artículo, mientras fui estudiante tuve toda suerte de trabajos. En ninguno, como era de esperar, era necesario el traje, así que empecé a utilizarlo cuando terminé la carrera y descubrí el fascinante mundo de la entrevista de trabajo, que ya hablaremos otro día de él. Un día me crucé con una vecina en el ascensor. Iba con mi traje negro, mi camisa blanca, impecable a una de las muchas entrevistas que hacía. Me miró, sonrió y dijo, vaya, por fin tienes un trabajo de verdad. Yo la miré a ella y me callé, porque como decía mi abuela, en el pecado tenía la pobre la penitencia, pero bien podría haberle comentado que precisamente en ese momento estaba en paro, que no sé que es lo que había estado haciendo durante estos años con los abuelos, cuidando a los niños para que no se ahogaran o colocando las latas del atún que ella le echaba a las ensaladas. Incluso me sentí afortunado, coño, me dije, si me han pagado sin tener un trabajo de verdad, ¿qué será ahora cuando lo tenga? Y cosas del destino, aquella entrevista salió bien y fue el principio de mi primer trabajo de verdad, según mi insigne vecina. Imagino que el tiempo que me viera sin usar el traje seguiría pensando este pobre ¿nunca encontrará trabajo?

7 comentarios:

Elena dijo...

Dicen que una imagen vale mas que mil palabras.... da igual como vayas, quien tiene percha la luce con todo. Bss

ralero dijo...

¡Vaya", no es fácil encontrar una vecina pitonisa y, además, con buenos augurios.

La invitarías a una cervecita por lo menos ¿no?

Abrazos.

Larrey dijo...

La verdad es que no caí, pero sí que me dieron ganas de regalarle un muñequito de esos de los de recortar trajes y luego ponerlo con solapas ¿os acarodáis?

dafne dijo...

Larrey...que no se te ocurrre para que sirve una corbata?????
jejejej a mi se me ocurren unas cuantas(he de confesar que soy un poquito morbosa y hoy no es lunes del trastero)
Te diré que la corbata,el reloj masculino con correa y el cinturón en los vaqueros son..objetos para mi cargados de gran erotismo...
Yo que sé si soy rarita.
A ver si se me pasa la verguenza y me animo a escribir alguna historia que contenga corbata y utilidades.
Besos

Larrey dijo...

estamos ansiosos de esa historia corbatil que demostraría que todo lo que cuelga en un cuerpo debe ser útil...

Dudu dijo...

Para eso los vendedores de coches, no hacen distinciones entre los compradores trajeados o los de vaqueros. Quizás solo se fijen en los que llevan los euros sobresaliendo del bolsillo del pantalón, de pinzas o vaquero, que son los potenciales compradores.

dafne dijo...

jajajajaj...todo es útil..no nos cabe duda.

Besos