6 de abril de 2009

SOY TU PUTA


Soy tu puta, tendrás que decir que he de hacer. Se subió a la mesa del gran salón, abriendo obscenamente las piernas. Bajo la minifalda tableada no llevaba ropa interior, y entre las sombras se adivinaba un sexo cuidado, una depilación profesional y todo el deseo que uno puede imaginar en una situación así. Él se recreó con la vista, acariciándose los genitales por encima de los vaqueros ajustados. Me gusta la idea, dijo, y tomó el control. Entre ellos mediaba todo el salón.
Abre las piernas más, mucho más y sube los pies a la mesa. Quítate todo menos los zapatos. Ella obedece cada orden con sensual profesionalidad. Se quita la camiseta de tirantes ajustada y debajo, escondiendo unos pechos sugerentes, no hay tampoco ropa interior que tiranice la piel. Los pezones erectos, y el pecho, que se negó siempre al bisturí, de una natural belleza, le regalaban una hermosa estampa. Después la falda, que fue cayendo de los muslos a los tobillos y de allí lanzada contra el sofá, mudo testigo del juego. Ahora quiero que te acaricies los pechos y vuelve a abrir las piernas, quiero ver como tu coño acaba chorreando sobre la mesa. Ella obedece, y pasea sus manos por los pechos, sin prisas, masajeando lo justo. Chúpate los pezones. Con la mano derecha alza el pecho y busca con la lengua el pezón. La humedad la excita, ¿quién se lo iba a decir? Hace lo mismo con el otro pecho y espera nuevas órdenes. Mientras tanto él se ha bajado los pantalones y los calzoncillos y va dando las nuevas órdenes con la polla en la mano, en un ligero vaivén. Métete un dedo en la boca y chúpalo como si fuera mi polla. Obedece de nuevo, sintiendo los dedos y fantaseando con que ciertamente es la polla que está creciendo a unos metros de sus gemidos. Saca la lengua para que él pueda ver como su polla, si fuera los dedos, va entrando y saliendo de la boca acompañada de lametazos. Quiero que lleves esos dedos como si fuera mi polla por tu cara. Los pasea, sin esfuerzo, imaginando que en verdad es una polla, por las mejillas, el cuello, la nariz, la cuenca de los ojos, las orejas. La cálida humedad da realismo al juego y descarga sobre ella millones de explosiones de placer. Ahora quiero que vayas a tu coño ¡ con la otra mano ¡, advierte, y te acaricies, que te vayas preparando para mi polla. Primero con los dedos en forma de “v” va de la parte superior a la inferior de los labios, cerciorándose de que la humedad es la adecuada. No es consciente, pero ha comenzado a bascular la pelvis. Métete un dedo dentro. Obedece mientras se le escapa un gemido sordo al sentir su propio dedo penetrarla. Ahora dos. Y hasta tres, que ya entran como si su coño fuera mantequilla. Ahora mi polla, que recuerda que son los dedos que estuvieron en tu boca. Cambia unos dedos por otros y pierde la mirada en el techo, sobre la carísima lámpara de cristal. En verdad el coño chorrea ya sobre el nogal de la mesa. Ahora quiero que metas otro dedo en tu culo. Previsora, humedece el dedo antes de obedecer el nuevo mandato, y levantando un poco la pelvis, entrando por debajo de los glúteos, complace a su comandante. No es la primera vez que algo alargado entra en su culo, así que no le ha costado, pese a la precaria postura, acceder a los nuevos deseos. Así se masturban, uno frente al otro, durante unos segundos, tan intensos que ella teme correrse antes. Ahora quiero que vengas de rodillas hacia mí, como si fueras una gatita en celo. Agradece el fin del juego, no le hubiera gustado ser la primera en sucumbir al orgasmo. Tal y como le ha solicitado, camina contoneándose como una gatita hasta que llega a su altura. Tan cerca que ha sentido el maravilloso olor de la polla erecta. Yérguete, y lleva las manos a la espalda, como si estuvieras esposada. En esa pose tiene la polla a la altura de la boca, siente hasta su calor apenas a unos centímetros, pero no se atreve a hacer nada. Cierra los ojos. Él se acerca y con la polla va recorriendo su rostro, por los mismos rincones por los que los dedos habían preparado el camino. Ahora saca la lengua. Cuando lo hace frota la parte superior de su polla contra ella, de izquierda a derecha. Después, sin mediar orden alguno, la mete en la boca, sin brusquedad. Y comienza el baile. Ella aprieta los ojos con fuerza y al tiempo que se la come intenta controlar el orgasmo que sigue peligrosamente a las puertas. Para facilitar el trabajo él la coge de las coletas a la vez que va apretando su culo. Entra con fuerza, pero sin violencia, y lo hace hasta donde parece físicamente posible. Ahora los gemidos son salvajes, perdido por completo el control entre ambos. Ella ansía la descarga, en cualquiera de las embestidas imagina la leche llenando su boca. Pero él tiene otros planes. Cuando siente que el orgasmo sobreviene sin remedio saca la polla de la boca y lanza unos últimos movimientos con su mano. Así la leche, que pareciera desesperada, a tenor de la violencia de las dentelladas, se dispara por el suelo. Cuando recupera el aliento da una última orden. Ahora quiero que recojas con la boca lo que has desperdiciado. Ella obedece, loca de placer, y se inclina hasta recoger con la lengua todo el semen esparcido por el suelo. Después se sienta y sonríe, los labios manchados aún. Él también sonríe y pregunta ¿te ha gustado? Sí, responde ella, poniéndose en pie, me ha gustado mucho, ¿el lunes a la misma hora? Lo que tú digas. Cuando termina de vestirse sonríe por última vez y espera. Ella hace un gesto como de despiste y sonríe de nuevo, perdona, el dinero te lo he dejado en la entrada.

1 comentario:

dafne dijo...

Bonito título...muy bonito...tan escueto y con tanta significación.Lo dicho...
Hasta mañana,aunque no sé a que hora
besos
dafne