10 de mayo de 2011

OBAMA BIN LADEN

Gracias al cine no me cuesta imaginarlo: el grupo de élite lo formarían, entre otros, un piloto con malas pulgas, algo entrado en carnes, un jefe que se las sabe todas, silencioso y empático con su gente; tal vez con un puro eterno al estilo Aníbal. Después estaría el grandullón musculoso que da galletas como panes, el delgaducho de mirada esquiva con más cicatrices que pestañas, que desde la primera pelea del patio no se ha perdido una guerra; el negro graciosillo que viene de un barrio obrero y que canta rap antes de saltar del helicóptero; y el latino guapo, que todavía tiene que soportar los chistes racistas de sus compañeros. Se lanzarían una noche, curiosamente en silencio, es la misión más importante de sus vidas. Con el sigilo de los profesionales llegarían hasta la supuesta mansión y con el mismo sigilo y la misma certera profesionalidad, con golpes que ni en mil años tú lograrías hacer, van cargándose a todos los vigilantes, hasta llegar a la habitación del asesino entre todos los asesinos. Durante la película, a modo de flash back, habremos sabido que el latino perdió a su mujer en las Torres Gemelas. Cuando lo encuentran, no puede resistir la tentación, y quiere entrar a matarlo, a torturarlo, a vengarse. El segundo de abordo lo detiene, pero entonces el jefe, que apaga el puro sobre un libro del Corán, le abre la puerta con una sonrisa cómplice. Hay silencio. El latino deja las armas y se adentra en ella. Después de que su jefe cierre la puerta comienzan a escucharse los golpes y los gritos a Alá. Fundido en negro y de nuevo el rostro del jefe, esta vez con traje de gala, sentando en un banquillo. No señor, no nos quedó más remedio que apretar el gatillo. Otro fundido en negro y la música de fondo de una banda militar. Imágenes del latino jugando en un típico parque americano con su hijo. La cámara se acerca a ellos, a sus cosas que descansan en el césped, hasta que termina enfocando un marco que como despistado andaba por ahí, con la foto de la mujer muerta...
He vivido engañado, pensando que las películas americanas eran ciencia ficción; pero no, parece ser que no, que estas cosas ocurren. Los cuerpos de élite y los asesinos justicieros existen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

o nos hacen creer que existen, porque yo no me creo ni que bin laden estuviera solo y desarmado y mucho menos que este muerto de un solo disparo en la cabeza. Los americanos hubieran hecho un ejercicio de poder en los medios, enseñando fotos, videos y demas. NO ME CREO NADA.