27 de mayo de 2011

MALDITA ERGONOMÍA

Cuando empiezo a trabajar lo hago erguido y con cierto orgullo. Brazos casi en ángulo recto, curvatura de las rodillas según la legislación vigente, espalda bien rectita dándole sentido al sustantivo respaldo. En fin, ergonómicamente hecho un pincel. A las diez de la mañana la pierna derecha ya anda bastante remolona. En el vigésimo email se tropieza con el cable de monitor, que responde con un interferencia a modo de cosquillas. La izquierda siempre fue una envidiosa, así que ella se lanza a por el enchufé de la cpu,. Las rodillas claudican y se relajan en grados sin contemplaciones. Entre mi columna vertebral y el respaldo de la silla cabría un luchador de sumo. En la trigésima llamada el único contacto que mi espalda mantiene con la silla es por el cuello. Hago verdaderos esfuerzos por mirar al frente, pero como sujeto el teléfono con la oreja, casi tengo que mirar a la pantalla con parábola. La pierna derecha hace cosquillas a los enchufes de mi compañera y la izquierda la tengo perdida entre una selva de cables, está encantada, no quiere salir. El culo se balancea al borde del asiento con peligrosa arrogancia. Empiezo bien, sí, pero la rutina puede más que los principios ergonómicos y al terminar mi jornada laboral soy un escorzo de mí mismo...¿será una metáfora?

1 comentario:

Elena dijo...

ja,ja,...a todos nos pasa, sobre todo a la vuelta de comer, a eso de las 3 de la tarde cuando la sangre se baja a hacer la digestión, entonces la posición baja baja baja hasta dar con la nuca en la silla....eso sí, cuando no te ve el jefe, je,je,...unbs