17 de julio de 2012

LA PLAGA

Siempre he pensado que somos el virus más letal de la naturaleza. Una plaga imparable e insensible, dotada de conciencia e inteligencia, y por lo tanto la más peligrosa de todas. No terminamos con los dinosaurios por unos días, como quien dice, y tal vez el asteroide que los fulminó fue enviado por algún alterego alienígena y envidioso. Vamos a dejar el Amazonas que va a parecer una sucursal de Central Park, sin indigentes, pero con indígenas igual de perdidos. Esquilmamos los campos sin conocimiento. Construimos sin lógica global y ecológica. Pero es que este domingo ya me he quedado alucinado al completo. Al parecer van a tener que hacer glorietas en la cima del mundo, porque el Everest sufre una especie de atasco sin precedentes. Proliferan las empresas que por un módico precio te llevan poco menos que a la cima en brazos, así que aquello ya no es la cuna de los retos y el buen alpinismo, sino un Gran Vía tibetana a la que sólo le falta un Zara, y al tiempo. Un día de estos algún aventurero se pasará media vida planificando el gran viaje y cuando llegue a la cima desayunará en un Starbucks. Todo esto lo cuenta Miss Hawlley, con su flema británica, más afilada que nunca a sus 70 años. Nos habla de los curiosos retos, como el que mantiene un español con otros tres jubilados, por ser la persona más mayor que logra alcanzar la cima. A uno de ellas el año pasado tuvieron que bajarlo a la sillita de la reina por un colapso. También hay un sherpa de 14 años que sueña con ser el más joven. Y otro, que por afán recaudatorio (y solidario, quiere construir una escuela en su pueblo tibetano) hace ascensiones locas por dinero, tan veloces que dejan en evidencia al resto de alpinistas. En fin, espero que todo esto no lo esté leyendo nuestro ex alcalde, porque ya le veo afilando las garras a Dulcinea, y en el año olímpico inaugurando el túnel tibetano. Claro, que al precio que ronda el Metro, casi será más económico que venga un sherpa a buscarte a casa...

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