3 de noviembre de 2022

DE MEMORIA: 


No niego que me alegro de que los restos mortales de un genocida desaparezcan de un espacio público; pero entended que con cuatro décadas de retraso a uno se le adormecen las palmas. Hay más suspiro de alivio que otra cosa. Sí que tengo que reconocer que me importa poco, o mucho menos, donde estén sus restos que encontrar los de todos aquellos a los que este desgraciado mandó matar y que sus familiares todavía no han encontrado. Entre otras cosas por la desidia de una parte de la población y por la voluntaria, torticera e inhumana, intercepción de la lógica universal por parte de un grupo de políticos rancios y descolocados. Si el precio a pagar fuera a ese, para que pudiéramos abrir de una maldita vez las cunetas de la memoria, rescatar los cuerpos y permitir a los familiares despedirse de sus seres queridos asesinados en una guerra fruto, no me cansaré de escribirlo con la legitimidad que me da mi licenciatura en Historia, un golpe de estado, poco me parece. Pero como lo otro no llega, de momento, habremos de conformarnos con lo uno...que no es poco, visto lo visto. 

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