25 de febrero de 2013

INDIGNADOS SI, PERO NO.

En Madrid nos han quitado la basura un día sí y otro no. Ha bajado la calidad del servicio y por contra han subido el impuesto correspondiente, duplicándolo impunemente. Nos hemos indignado, hemos ladrado por aquí y por allí en las redes sociales, pero ya nos hemos acostumbrado a saber que un día salimos con dos bolsas y el siguiente con una. Y a otro derbi mariposa. Han flexibilizado tanto el mercado laboral que ahora ser empresario es lo más parecido al angry bird, ya que disparar al currela si me apuras, desgrava. Hemos desempolvado nuestras banderas, hemos llenado las calles de cánticos de protesta, pero ya estamos danzando con los ERES como si tal cosa. Y aquí no pasa nada. Nos han subido los impuestos con tanta crueldad que el carro de la compra es una almorrana en el culo del españolito medio. Ponerse malo sale caro, tanto que es más barato morirse. Están vendiendo nuestra sanidad en el mercadillo, un saldo de pasillos hospitalarios para enriquecimiento de unos cuantos ¡rebajas en los grandes hospitales! Y lo mismo, cuatro gritos, muchas fotos en facebook, mucha indignación transitoria, y a nuestras rutinas otra vez, como si tal cosa. Rescatamos a los bancos para que tengan la liquidez suficiente para ejecutar los desahucios. Evitamos alguno que otro por presión social, pero la mayoría se ejecuta en el anonimato. De todo esto se valen nuestros políticos. Nuestra indignación tarda mucho en ser acumulativa, es cíclica y con fecha de caducidad. Y no nos culpo y si lo hago es poniéndome el primero en el saco de la rutina. Pero la realidad es esta. Nos puede el peso del día a día. Y no tiene fácil salida, porque nuestra desmemoria es tal que ni siquiera cada cuatro años, cuando nuestra caterva de gandules y ladrones asalariados del Congreso nos dan la oportunidad de darles un voto en el culo, somos capaces de dalre la vuelta a la tortilla, y lo que hacemos es perpetuar este bipartidismo ponzoñoso, vergonzante y vergonzoso, y a otra cosa mariposa. Sí, después salimos a la calle, y nos indignamos por el mal uso que hacen de la legitimidad que acabamos de darles con nuestro voto. Lo peor de todo es que, además de cabrearme, y mucho, y después olvidarme, no se me ocurre que otra cosa hacer...

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