20 de diciembre de 2012

FIN

Cuando derrumbaron el muro de Berlín pensé, que bien, que suerte, estoy viviendo en directo uno de esos momentos que luego aparece en los libros de sociales. Con las Torres Gemelas también fui consciente de estar viviendo uno de esos sucesos que marcan un antes y después y que aparecería en los libros. Como profesor de historia que nunca ejerció esa evidencia me seduce. En cambio no se me había ocurrido que iba a vivir el momento más importante de todos. Justo el de hoy, que marcará un antes. Porque claro, si hablamos del fin del mundo ¿habrá un después? Yo por lo que pudiera pasar me he puesto muda limpia, he elegido a conciencia la ropa y pienso estar todo el día sonriendo. No quiero que la hecatombe me pille en fuera de juego. Quiero que cuando me convierta en un fósil luzca elegante. No quiero que los pobladores futuros de la Tierra, vengan de donde vengan, me muestren en un museo en chandal y con cara de sota. Sobre todo hoy no pienso ir al baño, como diría aquel, a hacer aguas mayores en todo el día. Lo que me faltaba, pasar a la posteridad haciendo monigotes de barro. Y mientras llega este fin del mundo predicho y casposo, que es como la muerte de Chanquete, no nos queda otra que pensar en las cosas importantes. Porque la tontería tiene su gracia. Pero no da de comer.

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