Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas

24 de agosto de 2008

DE VUELTA


Ya estamos de vuelta. Nos queda un último empujoncito (apenas unos pares de cientos de kilómetros) y un gustoso madrugón para ver si la generación de oro nos alegra el domingo. El balance es bueno. Hoy me he sentido extraño, febril, con unas décimas. Supongo que será el síndrome postvacional tomando posiciones en la parrilla de salida. Desde los veinte años no había tenido nunca tres semanas de vacaciones. Y la verdad es que la tercera semana (la novedosa) es clave para desconectar, para abrir y cerrar un ciclo, para sentir que de verdad has estado fuera del trabajo. Sé que el martes a las diez de la mañana (eso espero) ya ni me acordaré de que estuve fuera, pero hoy siento que hace años que no tecleo la contraseña del sistema (por cierto ¿cuál era?) y que no reviso el correo (miedo me da).
Y también vuelvo al trastero, al que reconozco que he echado de menos, pero no tanto como esperaba. También ha sido bueno desquitarme de la responsabilidad (impuesta por mi departamento creativo, que es el más exigente de mi sistema nervioso) de tener que escribir todos y cada uno de los días. He cambiado por la lectura (es que las olimpiadas no bastaban para cubrir los madrugones) y eso me ha llenado de ideas que os iré dejando. Hoy ha sido una especie de buenas noches y ya estamos aquí, a partir del lunes estaremos otra vez llenando de trastos el trastero.

14 de agosto de 2008

ESCAPADA


¿Quién me lo iba a decir?. Escaparme a un ciber para escribir. Que cosas tiene el verano, ¿verdad?. Tengo el mar detrás que ruge, con furia...bueno, la verdad es que si me fijo más creo que es el aire acondicionado del local, que ruge más que acondiciona. Pero sé que el mar anda por ahí, y también está enfadado, y eso me ha permitido a mí sentarme a escribir. Las vacaciones están siendo lo que esperaba, peques, peques, y más peques. Una cerveza en la terraza del pueblo, pasadas las once de la noche, con el cuello cuan periscopio para no perder de vista del todo al peque menos peque, es el acto más adulto que recuerdo en las últimas horas. Y no es una queja, que es una evidencia. Duermo poco pero me río mucho. Estoy tan cansado que algún día desearé volver a mi cama, donde los tractores no madrugan y sobre todo no lo hacen a cinco metros de mi ventantal. La vida en el pueblo es así, paz, playa, siesta (¡¡ qué siestas !!) y cerveza con los amigos en uno de los dos bares que siguen abiertos (el 33% de los bares han cerrado este verano...vamos, el tercero que había). Y las olimpiadas, que me acompañan en los madrugones paternos. He descubierto que al recién llegado le gusta más el baloncesto que la natación, la esgrima que el ciclismo y sus puños que cualquier otro juguete. También he descubierto que a los dos meses ya se puede tener la sonrisa más bonita del mundo.
Así son mis vacaciones, con estas escapadas para ver si el banco me da o no un susto, para comprobar que el trastero sigue vivo, latente, y para dejarsos estas letras. Así es mi vida cerca del mar, en la tierra de siempre...aunque antes de que quiera darme cuenta mi coche será engullido por uno de los túneles de la M30 y olvidaré por completo que había un mar, una plaza, un bar de pueblo...