16 de noviembre de 2012
ITV
15 de septiembre de 2011
FAVORCITO EN LOS BAJOS
Esto es muy típico en los pueblos, incluso sin dinero de por medio, yo te labro este trocito de huerto y tu me ayudas a enjalbegar la tapia; tú me das patatas que yo te arreglo el carburador. Ese compadreo en Madrid es más laxo y no quise perder la oportunidad de darle las gracias. En menos de media hora y sin trastornos laborales ni infantiles me había solucionado un quebradero de cabeza. Pero después, dándole vueltas, viendo lo que nos cobran los talleres, me quedé con mal sabor de boca, pensando que tal vez debería haberle dado más, que tal vez el muchacho se quedó con el billete en el bolsillo pensando mira el pijo este, la próxima vez le arregla los bajos su puta madre ¿Qué os parece?¿debí haberle dado más?
24 de febrero de 2011
NO SI AL FINAL

Ayer cambié las cuatro ruedas del coche. No las compres malas, no te fíes. Vale, haremos un esfuerzo. Busqué un taller que me ofreciera unos neumáticos a precio razonable: taller en Boadilla y unas Bridgeston. Ayer estructuro la tarde para solucionarlo todo con el menor coste de tiempo posible, otra de mis preocupaciones. A las siete y media, después de 45 minutos empantanado viendo como desmontan, montan y equilibran y un sorprendente, diminuto y eterno atasco de salida del polígono, llego a casa derrengado. Casi trece horas después de haber franqueado la puerta de salida...La sonrisa de mi familia y la garantía de tener un coche agarrado al suelo con cauchos nuevos merece la pena.
Hoy llego al trabajo, aparco, con mi tiempo y mi calma de siempre y a la media hora llega un compañero oye, que tienes una rueda pinchada. No me lo puedo creer. Y no parece pinchada, es como si estuviera perdiendo poco a poco el aire, porque no está en el suelo (¡todavía!) ¿Y ahora qué? ¿Monto la rueda de repuesto, me voy al taller y cojo de las pelotas al dueño hasta que me pongan una nueva?¿exijo que sean ellos los encargados de hacerlo, traer un operario y que me lleve el coche una grúa de su propio taller?¿me cago en sus muertos y empiezo con los trámites? Esa opción parece la más certera, cuando menos la más factible, así que ya estoy buscando el teléfono porque la relación excrementos-decesos está casi finiquitada. Mierda de coches.
22 de diciembre de 2010
AL CESAR...
18 de noviembre de 2010
ITeVas a joder

26 de febrero de 2010
ADIOS BRAVITO ADIOS
El virus se lo inoculamos con la inyección del seguro a terceros y cayó definitivamente enfermo con un ataque de defecto de distancia de seguridad. Chapitopausia aguda y torcida. Lo llevamos al especialista, que limpiándose las manos de grasa, sentenció: está grave. Yo le miré e hice un gesto muy claro con la mano, como si amasara algo con los dedos, ¿cuanto de grave? Ehcó un último vistazo antes de destrozarnos con su definitivo diagnóstico: 1.700 euros de gravedad. Sí, está grave, muy grave, terminal. Primero vino la negación de la evidencia en forma de cabreo y maldición, viéndonos buscando un coche pequeño y económico y la angustia otra vez de endeudarte por un trozo de chapa con motor. Pero después llegó el luto y la pena. El bravito ha estado con nosotros los últimos once años. Nos ha llevado y traído con un sol de justicia, con la lluvia impertinente, con las refrescantes tormentas, en la soledad del asfalto agosteño, en la ficticia vida del atasco navideño, por la montaña, por la playa, por la pradera, por la llanura. En su chapa aun puedo adivinar los restos de la primera cerveza que me tomé a su lado en algún pueblo blanco de las montañas granadinas, tal vez algún resto de sidra mal escanciada de un agosto en Luarca, aquella noche gerundense tumbados en su capó viendo una lluvia de estrellas, me acordé de todas las veces que nos llevó a Levante a ver a los sobris, todos los veranos que nos acercó al Maestrazgo, estos últimos seis años que me ha llevado y traído puntual a mi trabajo. En el fondo pensar en dejar una coche es como dejar una casa donde has vivido muchos años. Lo lógico es que lo hagas para mejorar, sí, pero ¿no miras la casa vieja y sientes una punzada de nostalgia? Pues eso siento yo al ver ahora la chapa retorcida de mi bravito.14 de noviembre de 2008
LA CULATA QUE LOS PARIÓ

Tengo cuatro hijos. Dos listos y dos tontos. Unos tienen brazos y piernas y otros ruedas. Todos me cuestan bastante dinero, pero unos me llenan de satisfacciones y otros lo que me llenan son el arca de las frustraciones. Explico mi última semana para ver si soy capaz de hacerme entender. Tengo, además de ser el presidente de su asociación de damnificados, un Alfa Romeo (ya hemos hablado de él). Cumple cuatro años, le toca la ITV, así que mosca como andaba con él desde el día que lo saqué del concesionario, decidí llevarlo a una revisión, entre otras cosas porque hacía un bastante ruido, como si fuera si fuer un macarra y él mi buga tuneado. El tubo de escape roto. Que manda narices, el Renault 5 de mi tío va camino de 40 años con el mismo y el falfa de los piiiiiii se rompe. Bueno, pues qué vamos a hacerle, reparación de 600 euros y listo. Funcionamos con el otro, con el bravito, pero éste tuvo envidia de su hermano, y al aparcarlo el sábado (tercer día sin Alfa) carrracarrracarrracacacarrra (así era el ruido, más o menos). Nada, que algo roza y en lugar de un Diesel pareciera que aparcara un tractor. Como el coche funcionaba y necesitamos al menos uno, fui tirando, muerto de miedo, hasta que del taller me dijeron (hace dos días) que tenía el otro. Hacemos cambio, pago religiosamente y me confirman que se trata de la correa de distribución, que anda ya remolona. Otros 600 euros. Bueno, tarde o temprano tocaba. Me voy a trabajar con el Alfa, se supone que niquelado. Vuelta del trabajo, el dichoso ordenador que me avisa, avería del motor. Miro a un lado. Miro al otro. ¿Dónde cojones habrán escondido la cámara oculta?. Así que antes de ir a por mis hijos, al taller. Mira, que lo saqué ayer y esto es lo que me dice. El ordenador muestra cuatro averías posibles, dos de ellas de funciones que no tiene (es un windows 98, así que cualquier cosa). Resetean, porque el motor no parece sufrir avería alguna. Me voy a por mis hijos, maldiciendo mi buena suerte, y otra vez el pitido, que lo odio más que al de mi despertador. Vuelvo al taller, ya con la familia al completo, y como el bravito estaba listo, cambiamos, como si fuéramos una familia trashumante, de un coche a otro y nos vamos dejando el dichoso alfa. Que puede tener algo en el caudalímetro, que a mi todas las averías me suenan a agujero en mi cuenta, y ya me estoy preparando para el siguiente hachazo. Que no sé si voy a ser como el del chiste, que voy a tener que vender el coche para comprar gasolina, pero a este paso lo tengo que vender para pagarles a los del taller.
En fin, siento la charla, pero es que tenía que desahogarme.

