EMOCINARTE:
No controlo aquello que me emociona. Eso sí, reconozco que desde que soy padre, 22 años ya, soy de lágrima fácil.
El caso es que hay cosas que, por curiosas, cuando me emocionan, me dan que pensar. Y de ahí a las teclas suele ir un rato corto. El logaritmo de los buscadores me hace trampas y me termino emocionando con lo que, por principios, en principio, no debiera. Digamos que cierto videos de lágrima fácil los vivo en la intimidad. El más cantoso, por mi antimilitarismo teórico y anti ejército práctico, son los videos de soldados (hombres y mujeres) regresando después de un tiempo y dando una sorpresa a sus familias. Sí, me emociono, qué le vamos a hacer. Y en esa línea estos días me ha pasado algo también curioso. Me ha gustado mucho ver a dos soldados, de los que responden al tópico, fornidos, porte marcial, barba cerrada, porteando con extrema suavidad, con cariño, casi con mimo, la mirada profesional y concentrada, los restos de los primeros reyes de Aragón que por precaución se sacaron del Panteón Real de San Juan de la Peña, por culpa de un incendio. Estos tipos, militares que no disparan, tienen mi respeto ganado desde hace mucho, pero en situaciones como estas, cuando pulsan el sentir de la gente más allá de la lógica, reitero mi respeto y le añado ciertas dosis de emoción.
Ole.