6 de noviembre de 2013

ERE QUE ERE


 Si habéis sido universitarios seguro que os suena esta sensación. Salir de un examen convencido de que habías suspendido. Pero pasar los días e instalarse en ti una absurda esperanza de que tus respuestas erróneas se transmutaran por arte de birlibirloque en aciertos y terminar aprobando. Luego, llegar el día en que las notas cuelgan en un tablón, correr, usar el dedo para no fallar de línea y confirmar el suspenso con el dolor de una sorpresa y una decepción. Y duele igual o más. Pues eso me ha ocurrido en el trabajo. A mí y a 30 de mis compañeros. Nuestra empresa fue vendida a un postor con poco interés por lo que hacemos. Sabíamos que nos iba a tocar a buena parte de nosotros, incluso algunos departamentos tenían todas las papeletas. En cambio nos llegó el día de las notas y cuando la versión laboral de Mercedes Milá nos confirmaba nuestra nominación, entramos en una barrena de tristeza y autoestima dolorosa. A mí la noticia me pilló en el extranjero, celebrando mi cumpleaños en Lisboa. Estábamos en Belem cuando el director financiero me informaba del regalito. Mi hijo me miró la cara desencajada, le expliqué que a Papá iban a echarlo del trabajo y rompió a llorar. No era una tristeza de "me quedaré sin regalos", sino la tristeza de ver a su padre laboralmente desamparado. Parado, que gracia, que parado y desamparado se parezcan tanto. Logramos reconducir con la falsedad que solo unos padres logran en situaciones de este tipo, diciendo que era una oportunidad para que su padre cambiara números por letras. Y me cogió de la mano, muy fuerte, y me dijo, "papi, tal vez Papa Noel te regale un trabajo, no te preocupes". Tengo el alma tan encogida que tengo miedo de que se me quede atascada en un ventrículo y no salga jamás de allí. Ahora, por ellos, por ella, levantaré la barbilla y con toda la dignidad del mundo me lanzaré a buscar un trabajo que haga que mis hijos vuelvan a sentirse orgullosos de su padre.

3 comentarios:

El Éxodo dijo...

Vaya putada. Muchos ánimos, suerte y un abrazo.

Anónimo dijo...

Aunque no encontraras ese trabajo,(aunque Papá Noel te traerá uno seguro) tus hijos siempre se sentirán orgullosos de ti. Sin embargo otros hijos, seguro que no estarán tan orgullosos de sus padres. Un "número" de los 30.

Anónimo dijo...

Objetivo cumplido. Ya estamos otra vez en el tajo. Mucha suerte hemos tenido.