DEMASIADO PERFECTOS.
Cada uno tiene su kriptonita. O como es mi caso, varias. En cuanto a las personas, las que lo hacen todo bien y son manifiestamente perfectas, me cargan de manera especial. Esas personas que siempre encuentran otro culpable y que empiezan muchas de sus frases con un "menud@ soy yo", para contarte que puso en su sitio a tal persona, solucionó aquel problema o se apuntó a un bombardeo por enésima vez, porque yo nunca digo que no. Es un yoismo encubierto, en muchos casos por una falsa modestia, es que yo no me callo una, es que es mi defecto...En el fondo esconden una superioridad moral (es que tu no sabes divertirte, es que si fuera yo ya hubiera, es que, es que...) que se me atraganta en grado sumo. Pues esos, que me perdonen, porque los tengo en entornos muy cercanos, me cansan. Van minando poco a poco mi paciencia, primero, y después la energía, la que necesito para intentar compartir espacio con ellos. Me dan pereza, es quizá la forma más sencilla de definirlo. En mi entorno más cercano no me queda otra que aguantar a un par de perfiles de este tipo, pero sin darme cuenta, voy poniendo distancia. La que me permite el minuto de partido y la situación, pero distancia al fin y al cabo. Desde mi insoportable imperfección, prefiero poner tierra (y tiempo) de por medio.
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