LO QUE PASÓ EN LOGROÑO:
Empezaría diciendo que esto lo escribo para los que me lean habitualmente, pero eso sería como decir que lo hago para los unicornios azules. Aun así, pensemos que existen. Ya sabéis que soy simple, eso quiere decir que me hacen felices cosas muy simples. Os cuento una algo peculiar. Hace unas semanas estaba como espectador en un partido de mi hijo mayor (20) y se sentaron a nuestro lado un grupo nutrido de chicas. Entre veinte y veintipocos. Venían con maletas y sus risas y conversaciones a voz en grito sin muchos tapujos. Así me enteré, sin necesidad de interesarme, de que venían de viaje, del norte, Logroño. Y os preguntaréis ¿cómo lo supe con tanta certeza? Pues no fue un "me ha sorprendido mucho Logroño". Fue una frase mucho más peculiar pero que al venir de una mujer a mí me hizo sentir bien, como dentro de una naturalidad y una normalidad sana, como si se equilibrara una cojera endémica del universo. Reitero: simple. Una de ellas dijo que X venía muy contenta porque al final había conseguido que le comieran el coño en Logroño. Me hizo gracia la simpleza, que le quita crudeza a algo tan natural, sano y recomendable, como el encuentro de dos cuerpos que buscan pasar un buen rato. Y no hubiera sido lo mismo que conoció a alguien, que echó un polvo y mucho menos que le comió no sé qué. No, era que su coño era el receptor y la rima cañí lo que configuró el pastel.
Ya me pasó hace muchos, muchos años, cuando escuché con doce o trece , a una amiga preguntarle a otra (eran algo mayores que yo) ¿te lo has follado, cabrona? Fue la misma sensación de victoria.