4 de septiembre de 2009

EL PRINCIPIO DEL EROTISMO


Pasábamos largas estancias estivales en el pueblo. Ranas, árboles, bicicletas, piscinas, desván…Nuestra casa era una casona de pueblo que tenía, además de un patio, una segunda casa que durante algunos años estuvo alquilada a una familia. Su hijo, que compartía con nosotros patio y corral, era nuestro amigo, así que su casa era en cierto modo la nuestra. Una tarde pasé a buscarlo. Se llamaba Micael. La casa era un enorme pasillo que conectaba desde la entrada del patio con el otro lado de la calle, por donde se adivinaba la luz mortecina de la tarde, tamizada por unas leves cortinas. Supongo que Eros estuvo en aquella tarde en negociaciones con la diosa del destino, porque al entrar, como era la costumbre, no grité cuan cabrero el nombre de mi amigo, sino que lo hice en silencio y asomé la cabeza. Entonces la vi. La madre de mi amigo no era, ni mucho menos, una mujer hermosa, era además una madre y yo un crío de siete u ocho años, así que encontraba más hermosura en una rana muerta en una charca que en las curvas de una mujer. Pero aquella vez fue totalmente distinto, puede que fuera el primer encuentro con el erotismo de toda mi vida. La madre de mi amigo se estaba depilando en la parte final de la casa. Apenas se podía adivinar su figura, oscurecida por los últimos rayos del sol y oculta por parte del muro del salón. Podía verse, eso sí, y con toda claridad, su, desde aquel instante, alargada y hermosa pierna, formando una V invertida, apoyado el pie en una silla. Ella, supongo, se pasaba la cera de abajo a arriba, aunque yo lo que veía era que se acariciaba la pierna, muy probablemente para mí. Duró unos segundos, los que la vergüenza tardó en tomar posesión de mi centro de control y me obligó a salir corriendo, con las orejas coloradas e imagino una incipiente e incomprensible erección. Creo recordar que incluso pude escuchar en esos segundos la música de Rabbel, su famoso bolero, convirtiendo las piernas de mi vecina en las de la mismísima Bo Dereck. Después el mundo siguió, mi pueblo volvió a ser el mismo rincón lleno de aventuras de niños, mi vecina la mujer de cara agria que daba bocadillos a gritos a su hijo, pero de vez en cuando, en extraños flasazos que anticipaban una de las aficiones de mi preadolescencia, sólo, en la cama, se me presentaba la pierna dulce de color chocolate de la Bo Dereck de mi vecina, y mi cuerpo decidía alargarse por ciertas partes poco acostumbradas.

MICROS


Tenía muchos cargos públicos y ninguno de conciencia.

3 de septiembre de 2009

LA REBELIÓN DE LOS OBJETOS


Tengo una teoría entre Juan José Millás e Iker Jiménez. Creo que los objetos tienen vida propia. Incluso voy más allá: son unos cachondos. Tu coche lleva meses haciendo un ruido tremendo, cansado y preocupado decides ir al taller. Entras y cuando hablas con el mecánico el ruido desaparece, como por arte de magia. ¿No es eso cachondeo? Creo, además, que los objetos están dotados de la capacidad de comunicarse, sino no logro entenderlo. He sufrido una verdadera rebelión de objetos estos días. El intermitente de mi coche hace honor a su nombre, y unas veces funciona y otras no, lo que complica su diagnósis, pues tendría que llevar al mecánico conmigo ¿ves? ahora no funciona. Otros objetos, como mi móvil, cuentan también con la inestimable ayuda infantil. El día antes de irme de vacaciones uno de los limpias del coche pidió la baja. Así que ahora, cuan agricultor ansioso, miro al cielo con recelo de cualquier cúmulo, cirro o estrato. Al volver siempre reviso el coche, porque a las siete de la mañana buscar alternativas resulta más costoso. Y decidió el embrague en connivencia con la caja de cambios, dejar de hacer sus funciones. Remuevo Roma con Santiago para tener un coche al día siguiente y, por cabezonería, a última hora, antes de dormir, lo vuelvo a probar y por arte de magia la incidencia desaparece. La radio, del mismo coche, al que empiezo a culpar de la rebelión, también ha empezado a dar problemas. Uso un adaptador de cintas para poner el MP3, pues resulta que ahora esté o no esté puesto, lo detecta, con lo que no funciona la radio sencilla. Así que, como por las mañanas me gusta escuchar la radio, se da el curioso caso de que pongo el Mp3 para escucharla. Bueno, eso porque me he comprado otro, porque el anterior decidió comerse la cabeza de una clavija quedando impenetrable para futuros cascos. La taza del vater se ha partido por la mitad. El lavavajillas pierde agua y he tenido que cambiar el tubo del desagüe... ahora que lo pienso, esto ha empezado a ocurrir desde el destierro del famoso aquauno práctico, ¿no será él una especie de William Wallance de los objetos? ¡ podrás devolverme a la tienda, pero jamás podrás robarme la libertad ! Da miedo.

MICROS


Movidas por la devoción humana, las distintas Virgenes entraron en una encarnizada batalla de egos, tan cruenta que nada pudieron hacer los distintos Cristos, ni el Nazareno, ni el de los Gitanos, ni tan siquiera el mismísimo Espíritu Santo.

2 de septiembre de 2009

LA MALDITA GASOLINERA


Encontrar gasolinera no es un tema baladí. Como padre uno tiene que tomar decisiones muy difíciles, y en los lugares más simples e inesperados. Supongo que os habrá ocurrido. Emergencia, hay que parar. Con hijos esto supone la combinación, básicamente, de cuatro elementos: pis, caca, hambre o vómito. En función de los elementos combinados así será de urgente la urgencia. No me gustan las gasolineras que me obligan a desviarme del destino, sobre todo cuando la carretera va bien, es como si fuera una novela, me da miedo perder el hilo y volver en un maldito atasco. Así que desestimo todas aquellas que, pese a la indicación de estación de servicio, no asoman el morro por la asfalto. Pasa una, y otra, y otra, y en función de la urgencia de la urgencia va creciendo la tensión sobre mis decisiones, y la espada de Damocles del error pende de mi testa con su brillo atenazador. A la cuarta o quinta salida desestimada tomas el camino de en medio, y te sales tras una señal de estación de servicio cualquiera. Dos curvas después, pasando por debajo de la propia carretera, empiezas a ser consciente de tu error, puedes incluso escuchar el silbido metálico de Damocles. Tres curvas más, asfalto avejentado y, lo peor de todo, una glorieta donde por arte de magia degetera ha desaparecido la señal de estación de servicio. Avanzas y acabas en un pueblo semiabandonado, compuesto de dos hileras de casas abrazadas a la antigua nacional. Un hombre sentado en un famélico banco metálico se ajusta la boina, se saca el palillo de la boca y te hace la gran pregunta: ¿va buscando la gasolinera? Pues sí, amable amigo, eso mismo íbamos buscando. Es que no hay. ¿Y el cartel? Es lo que tiene, pero no hay, desde que el hijo de la Obdulia falleció, que Dios lo tenga en su gloria, nadie ha querido hacerse cargo del negocio, es que es muy esclavo, sabe, tantas horas pegado a una manguera, por no hablar de peligroso en los tiempos que corren, que el hijo de la Obdulia tuvo que correr a gorrazos a no pocos atracadores que pensaban sacarle el jornal, menudos los tenía el muchacho, que Dios lo acoja en su seno. Entonces ¿no hay gasolinera? intentas reconducir la conversación. Sí, claro, salga usted a la autopista, tres kilómetros más adelante y en unos cuatro o cinco tiene otra, que es la del hermano del hijo de la Obdulia, que también es su hijo, como bien podrá imaginar. Saludas, te metes en silencio en el coche, esperando no escuchar risa alguna y así zanjar el asunto con Damocles de la forma más digna posible y retornas, agradecimientos mediante, a la autopista en busca de la gasolinera, la maldita gasolinera.

MICROS


Entendería perfectamente tu radical republicanismo, hijo- dijo sentándose a su lado- si no fuera porque yo soy el Rey.

1 de septiembre de 2009

LAS FUNCIONES DE MI MÓVIL



Tengo un teléfono Nokia, que aunque no es de última generación, la verdad tenía más funciones de las que uno podía esperar: cámara de fotos, grabadora de video, calendario, calculadora, juegos, conexión a Internet, bluetooth, agenda, posibilidad de tomar notas, alarma y alguna función que ahora mismo no logro recordar. Bueno, y por su puesto, la posibilidad de guardar en una agenda de contactos un número, asociado a una dirección y a otros datos varios, darle a llamar y que al otro lado nos contesten. Incluso puedes marcar un número de teléfono sin más. Eso es, al menos, lo que creía hasta este verano, porque gracias a mi hijo de catorce meses hemos descubierto que mi móvil tiene también la función de tostada o de galleta si tomamos como tazón de leche la taza del water. Lo que hemos descubierto gracias a su ingenio y capacidad de innovación también es que esta última y nueva función anula todas las anteriores. Cosas de la tecnología.

MICROS


Si sabes que es imposible cambiar el mundo ¿qué consigues intentándolo?- preguntó el padre incrédulo. Ser feliz- sentenció el hijo.

31 de agosto de 2009

EL TRAJE DE NOVIA


No consigue encontrarle el coño con tanta tela. Joder, menuda mierda de vestido, un pastón para esto, piensa ella. Él va levantando tela, y más tela, apartándola a un lado hasta que por fin llega con sus dedos al ansiado destino. No hace falta más, métemela. Está tan excitada que no va a haber juegos preliminares. Se recolocan medianamente hasta que, por detrás y sin demasiada dificultad, la polla entra en el coño; lenta y caliente. La coge de la cintura y empieza a moverse con ansiedad. Los dos tienen prisa por terminar, no pueden alargar demasiado el juego, no es conveniente. Intentan no gemir, por precaución, aunque es inútil, porque los sonidos de sus cuerpos acoplándose son más que evidentes. Ella se agarra a las paredes con la sensación de estar siendo, literalmente, partida por la mitad. Aprieta los dientes, baja la mirada, aprieta el culo rítmicamente contra las embestidas, buscando que la polla llegue hasta lo más profundo de su cuerpo. Con el equilibrio asegurado y en busca de un orgasmo rápido ella misma se acaricia el clítoris, y de vez en cuando le regala una caricia a la polla, que sigue entrando y saliendo con violencia. Con la ayuda de los dedos logra el orgasmo con tremenda facilidad. Me corro, me corro, se susurra a sí misma. Unas intensas contracciones y un leve tic en el ojo ponen fin a la fiesta. Por su parte, claro, porque él sigue el movimiento. Vamos, vamos, tienes que correrte. Saca fuerzas de donde no creía tenerlas para, pese al orgasmo, seguir abrazando la polla con su coño hasta que un gruñido y los dedos en la cintura, como clavos ardiendo, la avisan de que el fin de fiesta será en breve mutuo. Siente con claridad el orgasmo dentro de su cuerpo y como luego el caldo caliente chorrea ligeramente por la cara interna de su muslo. Dame un poco de papel, no puedo salir con la pierna llena de semen. Recuperan el aliento, la compostura y el traje. Se besan, casi por primera vez desde que entraran en el baño. Y se miran el uno al otro la ropa: aquí no ha pasado nada. Salgamos, y ojo, yo primero, que tu hermano me estará esperando para el brindis, ni siquiera ha salido aun la tarta.


MICROS


Esta es la ley de la vida, pensó mientra reprendía a su hijo por algo que él había hecho cientos de veces.

30 de agosto de 2009

¡ YA ESTAMOS DE VUELTA !


Papá, que no estoy cansado, estoy descansando. Rubén, cuatro años.

23 de agosto de 2009

LA COBERTURA


Paso mis días de vacaciones en un rincón del Maestrazgo donde la cobertura es una utopía, una cuestión de suerte, de que Eros sea benévolo con sus soplidos y que la Diosa Tecnología se presente con su divino cableado. Esto afecta a la rutina diaria de un modo maravilloso, apagas el móvil y solo lo enciendes cuando vas a algún lugar que sabes que te va a servir de algo. Pero también afecta al aspecto de las calles. Ya nos hemos acostumbrado, pero al principio nos llamaba la atención ver a las personas hablar y andar por la calle. El teléfono era un elemento inmóvil del salón de casa hasta que apareció su hermano sin el in y lo cambió todo. Tanto que incluso ahora la gente, sin necesitarlo, tiene la tendencia de andar al hablar, por costumbre, coño, es un móvil, habrá que hacer honor a su nombre. Pues en este pequeño pueblo del Maestrazgo como la cobertura es poco menos que una casualidad, los que van andando y les suena el móvil se quedan paralizados, primero por la sorpresa, la melodía se ha salido de la rutina, y después por la alegría ¡ tengo, tengo ! y contesta, miedoso, apenas si mueve un milímetro sus manos, como si estuviera apoyado sobre una mina antipersonal contesta inmovilizando todos los músculos de su cuerpo salvo la lengua. Así que curioso encontrarte, como postes de telefonía invisibles, a los afortunados que pasan por un rincón con cobertura y en ese instante, casualidades de la vida, alguien se ha acordado de ellos y de su número.
NOTA: Gracias especiales a Rafa y el bar la Bassa, por cederme su tecnología.

14 de agosto de 2009

FUNDIDO EN GRIS


El cuarto de los micros ya está a oscuras. No del todo, porque siempre dejo la ventana abierta y la persiana a medio bajar, algunos micros son bastante miedosos. La habitación de los colaboradores sí que está desde hace semanas a cal y canto, para que no entre el calor. He dejado algo de pixeles en unos baldes, truco que me enseñó mi abuela para que en las ausencias el ambiente no se reseque demasiado. Aunque vaya a cerrar con llave no importa, porque el Cultureta tiene copia, y a lo mejor decide darse una vuelta. El gran salón de los artículos también se va a quedar cerrado. He dejado algunos de guardia, otros que todavía no vieron la luz se vendrán conmigo; espero que vuelvan hechos todo un artículo. La cocina, con el horno en llamas, también se vendrá conmigo. Esos relatos tan sugerentes son carne de siesta, dulce siesta de sudores y suspiros. El trastero cierra, aunque será como una caravana, que vendrá conmigo, anclada a esta mi cabecita, no sé cuando tendré tiempo de detenerme y abrir alguna de las habitaciones. El río, como buen Guadiana, se va a ocultar aunque siga por debajo (paradójicamente por arriba) fluyendo sin cesar. ¿Y sabéis lo que pasa con estas cosas? Que uno, en el afán de ordenar y rebuscar lo necesario, acaba reencontrarse con lo más antiguo, con lo que tenía olvidado. ¿Sabéis con quien me he cruzado en una de las habitaciones del trastero? Con Adrián y Adriana. Viven felices, siguen discutiendo a amor limpio y van a por el tercer hijo, valientes que son. También he visto copias de algunas escenas recomendadas, algunos rincones de la red que sugerí en estos años, algún artículo extranjero, alguno de humor propio…en fin, que el trastero va teniendo sus años y el paso del tiempo es el mejor abono para la nostalgia. Nos vamos sin irnos y nos quedamos aunque nos marchemos. Nos veremos a la vuelta, mi casa sigue abierta.

MICROS


Primero se marchó el amor, detrás ella.

13 de agosto de 2009

FLOTAR


Un artículo de simpulso me lo ha recordado. Como ya he contado numerosas veces en mi juventud fui socorrista (tengo pendiente hacer una serie de artículos sobre mi experiencia en este tan hasselhoffiano campo). Con 18 años me preparé para sacarme el título. Primero era un mes de parte teórica, con clases de dos horas todos los días y un examen final medianamente exigente. Después un mes de pruebas físicas descalificativas en la piscina. Estaba en plena forma, no solo los deportes y yo nos llevábamos muy bien sino que la piscina y yo éramos (lo seguimos siendo) almas gemelas. Por eso no estaba demasiado preocupado. Aunque reconozco que había dos pruebas que me inquietaban, una porque nunca había tenido la paciencia suficiente para saber si era o no compleja y otra porque me parecía realmente difícil. La primera era hacer 200 metros en un tiempo concreto (no lo recuerdo) Había que decidir entre nadar todo a crol, más agresivo, o a braza, más conservador. Al final con un 50% me sobraron tiempo y energías. La otra eran 25m de inmersión pero recogiendo anillas del fondo (media docena). La primera de ellas junto al bordillo, impidiendo así el barriobajero acercamiento del salto de cabeza. Tampoco hubo problemas. El curso pasado…¿no? Pues no, resultó que la prueba más complicada para mí fue otra, que ni siquiera había valorado, otra que desestimé por simple: flotar durante un minuto sin movimiento alguno. Era puro músculo y, como estaba a punto de comprobar, el músculo no flota. Me tumbé relajado y me di cuenta de que poco a poco mis pies fueron basculando hacia el fondo. Arqueaba el cuello hasta el límite que mis bisagras cervicales me permitían y sacaba la nariz como la punta de un iceberg de 185 centímetros. Se me hizo el minuto interminable y terminé con los ojos semisumergidos y la punta de mi nariz como única referencia visible, mi periscopio vital. Ahora, en cambio, si tuviera que hacer las mismas pruebas no me preocuparía tanto, porque como he podido comprobar, la grasa flota mucho mejor que el músculo y soy capaz de hacerme el muerto con una profesionalidad que asusta. Algo bueno le tengo que sacar a lo que técnicamente han venido a definir como sobrepeso tolerable.

MICROS


Aquel viejo soldado republicano soñó con reencarnarse en paloma para pasarse la eternidad cagándose en todas las estatuas del General.

12 de agosto de 2009

AQUAUNO PRACTICO


Me ha dado por la jardinería. Y uno de los requisitos es el riego automático, que eso de la regadera ya no se estila. Así que visita a Leroy mediante instalé el sábado mi riego automático: el flamante y policromático (rojo y verde, para más detalles) aguauno práctico. De momento no llego a la veintena de plantas, pero la obra de ingeniería fue considerable, más de una docena de codos y recortes del tubo general y después las terminaciones del goteo. Ansioso que soy, incluso con siesta de por medio (prescripción médica) a las doce compraba el material y a las seis hacía la primera prueba. No niego cierta emoción de padre cuando vi salir el agua de los goteos. Quedaba el tema del programador. Compré el más barato y el más sencillo del mercado, tan sencillo es el aquauno práctico que tiene dos botones (el rojo y el verde) y un pilotito que es como el faro del cacharro. Las instrucciones son sencillas: le das al verde, calculas el tiempo, das al rojo y 24 horas después repetirá lo mismo. Hice una prueba y funcionó, pero fue a las seis de la tarde y durante apenas un minuto, no era lo que buscaba. Así que a las once de la noche, hora en la que me gustaría que mis plantitas bebieran, me propuse hacer la reprogramación. Y vino el problema. Según el manual luz verde y roja significa anular. Después al verde y repetir el proceso. Pero no hubo forma, aquello no sacaba una mísera gota. Así que plan alternativo, manual en mano busqué otra reprogramación: programación directa. Rojo y verde, después verde y esperar un minuto…mierda, el cronómetro, bueno, cuento 23, 24, 25… a los 60 segundos debía mantener presionado el botón rojo y al cabo de cinco segundos (otra vez 1, 2, 3…) contar los golpes luminosos, que representan cada minuto. Ahí me veis, afinando la vista y contando, doce, trece. Bien, listo. Me quedaba ver si de verdad había hecho algo. Si el galibo luminoso se enciende una vez cada dos segundos es que hay algo programado, si se enciende dos veces cada segundo es que no. Venga, vamos a ello. Uno, dos…espera, eso son los segundos. Uno…dos…pero leñe, ¿Cuántos segundos han pasado?¿es que este cacharro no está pensado para hombres? Un aparato para hombres debería decir, termine su cerveza, apriete el botón y vaya diciendo sí o no en función de lo que quiera. Abra una nueva cerveza para celebrar que todo ha salido perfecto. Eso sí que es un manual. Había que solucionarlo, porque o contaba luces o contaba segundos, venga, que nadie me ve, vamos con la mano, con la cabeza los segundos, con la mano las luces ¡¡¡ sí ¡!! dos segundos y una sólo galibo luminoso, he programado algo. Pero claro, para el día siguiente, maldita vigilia. Y aquí me tenéis, quince minutos antes, esperando como un nazareno a la salida del cristo, confirmando galibo sí, galibo no, cada dos segundos que lo que hice estuvo bien…digo yo. Pero llegado el momento, sonido celestial de clic que anticipa la apertura mesiánica de las aguas…y no, otro clic cuan beso de Judas me deja a las puertas de la gloria. Bueno, no de la gloria, del Leroy Merlyn, para devolver el fabuloso aquauno práctico…


MICROS


Era tan egoísta que anhelaba morir primero.

11 de agosto de 2009

¿NO ES CAPAZ?


El hombre ha sido capaz de llegar a la luna. Es capaz de trazar puentes imposibles sobre distancias increíbles. De hacer cirugía con micronincisiones. Es capaz de insertar trozos de plástico graduados en las córneas. Ha creado máquinas capaces de superar la velocidad del sonido por el aire y los 450 k/h sin levantar la chapa del suelo. La información viaja en volúmenes impensados y a velocidades de ciencia ficción. Ya hay robots capaces de imitar en todo a los humanos. Ha avanzado tanto la ciencia que si un asesino comete el error de tirarse un pedo en el lugar del crimen, su escatológico adn llevará sus huesos a la cárcel. Todo esto es un pequeño ejemplo de lo que el hombre, el heredero del tosco descubridor del fuego y de la rueda, ha sido capaz de crear en siglos de evolución. Con esta innegable capacidad para superar los problemas, para adelantarse, para crear ingenios, realidades paralelas, con todo esto ¿ha sido incapaz de crear una cerveza sin alcohol que sepa a cerveza con alcohol? ¿qué es esto?¿un complot? ¿Qué oscuros intereses mueven a la industria cervecera a tratar con tanta crueldad a sus fieles tocados por la varita de la mala salud? Por una cerveza sin alcohol de calidad, es una cuestión de dignidad. Firmado: yo y mi ácido úrico.

MICROS


Se dio cuenta de que no lo importaba lo que la gente pudiera pensar de él cuando dejó de darse cuenta.