OTRO NIVEL:
Espero que no resulte petulante lo que voy a contar. Y si es así, mil disculpas.
Durante algunos años de mi niñez, casi adolescencia, estuve entrenando en lo que entonces podría llamarse la élite del fútbol. Competía, como mínimo, con los que terminarían (los menos, claro) siendo profesionales, desde la humildad de un equipo de barrio, claro. Incluso había gente en mi entorno dorándome la píldora de que podría ser uno de ellos. Yo no lo tenía tan claro. El caso es que, es evidente, no me gané la vida con el fútbol, pero lo he disfrutado en la distancia con cierto conocimiento de causa. Desde ella me he encontrado decenas, centenas, de profesionales a los que veía correr y pensaba: pues sí, si yo hubiera entrenado lo suficiente y hubiera tenido la pizca de suerte necesaria que marca la diferencia, hubiera podido alcanzar ese nivel. En cambio, en dos quiebros, en dos miradas alzadas con el balón en los pies, en dos pases al hueco, en un tiro suavecito inalcanzable, en un regate sin tocar el balón, también abría la boca como un pez fuera del agua y pensaba no, ahí no hubiera llegado ni con una lámpara maravillosa.
Son casos evidentes: Maradona, ZZ, Ronaldo (el bueno), Messi...pero otros no tanto: Iniesta, Valerón, Pirlo, Guti, Laudrup, Fran, Maldini, Franchescoli, Xavi con v y Xabi con b, ...
Pues con la literatura me ocurre tres cuartas de lo mismo. Es evidente que no me gano la vida con ello, pero leo y pienso: vale, sí, dedicando el tiempo necesario, el nivel de esta novela lo puedo alcanzar. En cambio, en otros, me ocurre como cuando veía a Zinedine elevarse como un corcel brioso y cruzar el campo como si fuera un emperador, y digo, no, imposible, aquí no llego.
Me está pasando, de nuevo, con una novela despistada de Javier Marías, un clásico en estas lides. Da igual si la novela es de las primeras o de las últimas. Incluso importa poco si me está gustando especialmente o no. Su forma de escribir, lo que cuenta, cómo lo hace. Está a otro nivel. Inalcanzable para mí.
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