13 de julio de 2007

SAN FERMINES


Vaya por delante que odio los toros. Hasta ahora de forma pasiva, lo que suponía no tener parte activa alguna en su mantenimiento, pero con el tiempo parece que la pasividad va perdiendo terreno frente a lo que considero una barbaridad. Sé que a muchos (menos de los que creemos) les parece arte que un tipo se juegue la vida para torturar a un animal hasta la muerte, una tradición (como lo eran en tiempos de los romanos, o eso nos cuentan, los leones y los cristianos), pero para mí no es más que una muestra de la sinrazón del ser humano frente a la naturaleza, a la que exprime y desprecia con un desdén que no tardará en pasarnos factura definitiva. Somos un virus, el más resistente y peligroso del universo, y en algunos casos lo somos por diversión.
Digo, por tanto, que es conveniente partir de esta premisa, pero igual que odio los toros los encierros en general y los de San Fermín en particular, han despertado siempre mi interés. Hay algo de envidia hacia aquellos que se atreven a correrlos, pero una envidia aderezada con una incomprensión. Hace mucho tiempo que decidí que por diversión no voy a poner mi vida en peligro, que ya lo hago, y más veces de las que me doy cuenta, por obligación, como para darle más vueltas a la ruleta por ocio. Puede que lo que no me gusten sean las emociones fuertes, aunque claro, para eso habría que definir emoción fuerte. Pero el caso es que cada tarde, después de comer, descargo el encierro y lo disfruto. Puede que haya morbo e incluso decepción cuando es, lo que llaman, un encierro limpio. Puede que lo que busque sean los pitonazos, los golpazos y al típico guiri despistado y borracho sacudido por la bravura del astado. Puede que sí, pero no hay encierro que no vea un par de veces. Me gusta la plasticidad de los jóvenes en masa corriendo y abriéndose como mantequilla al paso de los animales. Me gusta ver como los pastores se toman su trabajo en serio e incluso me gusta ver como no tienen contemplaciones con quien en su afán de protagonismo acaba poniendo en peligro la vida de los demás. Todo eso me gusta, pero después, cuando veo que los toros llegana a la plaza, cuando sus desgraciadas pezuñas pisan la arena del coso me doy cuenta de que su destino está escrito, que les queda lo peor del camino, la tortura de una muerte-espectáculo y me conjuro para mañana no ver el encierro.

MICROS

Jamás pensó que la combinación de una pertinaz sequía y la religión le provocarían, a su edad, tantas emociones. Pero ahí está, el campanario de la iglesia de su vieja aldea, emergiendo de entre las insensibles aguas.

EL CULTURETA



Ha llegado el veranito, ahora parece que de verdad, y el cultureta nos quiere recomendar un lugar. Él lo llama "el paraiso" y lo define como un chiringuito, un trozo de cuidado cesped y una piscina natural inmensa de aguas cristalinas en la que está permitido bañarse. Está en la colgada, una de las lagunas de Ruidera. Dice que tiene todos los alicientes de un chiringuito playero, con su música, sus cuerpos al sol, su cerveza fría y que carece del único inconveniente para un sibarita como él: la arena de la playa. A ese lugar ha acudido cada año (o casi) con religioso fervor a bañarse por dentro y por fuera y a disfrutar de no hacer nada y charlar con los amigos. Es, además, un lugar especial porque forma parte del entorno de una familia amiga y de uno de los mejores amigos del cultureta. Así, ya sabéis, para los que gustáis de los chiringuitos playeros, esto es un nivel más allá todavía. El cultureta, además, nos recuerda que, como no solo de cerveza vive el hombre (y mira que los hay que lo intentan) se pueden practicar infinidad de deportes dentro del entorno de las lagunas, desde piragüismo hasta submarinismo, pasando por la vela o el simple pedaleo en barca; además del senderismo y la buena cocina manchega. ¿Hace falta algo más?

12 de julio de 2007

LA LLAMADA DE LA SELVA

No, si al final el médico me recomienda no leer el periódico por las mañanas. Usted verá, señor, pero sus niveles de mala leche son altísimos, y la densidad de incomprensión en su conciencia está por encima de la recomendada por la OMS, la tasa de Acido Noloentiendo puede resultar nociva para su organismo.
Hoy he leído que el 50% de los asesinatos sexistas se acumulan tres días después de otro. Incluso un 30% tiene lugar en las primeras 24horas. Tremendo. Es la llamada de la selva, vamos, hijos de puta, se ha abierto la veda, sacad vuestra nauseabunda indecencia a lomos de vuestro machismo afilado y que no escape ni una. Miguel Lorente, que es el autor del informe, afirma que no se puede descartar que la difusión de un caso precipite a algunos hombres que ya tenían la idea formada de atentar contra sus parejas. Alarmante. Da que pensar y dan ganas de regular la difusión de estas noticias como una medida más para acabar con esta lacra social. Pero él mismo rectifica y afirma que la difusión ayuda a la concienciación frente al problema. Dilema pues en el que nos encontramos, ¿que se sepa e incite o que no se sepa y no conciencie?. El caso es que la historia no funciona y las mujeres van cayendo en una larga letanía.
Pero este informe también arroja datos cuando menos desconcertantes: navidades y agosto son las fechas favoritas de los agresores. ¿En vacaciones encuentran tiempo para el hobbie?, si así fuera una cadena perpetua a trabajos forzados y asunto zanjado. Pero Miguel nos aclara que se trata de las especiales circunstancias que suelen producirse en estos periodos. Vamos, que el exceso de sol y chiringuito, o la acumulación de villancicos y polvorones son un detonante más. Y no es para tomárselo a broma, es para extremar las precauciones, porque todo es poco, ya se ha visto en los recientes casos, porque parece hasta recochineo que un condenado por maltrato no deje pasar las primeras 24 horas de libertad para consumar sus amenazas. Da que pensar, y mucho. Lo mejor de todo es que a esta mujer la advirtió la policía, eso sí que me parece cachondeo, cojones, no adviertan, prevengan, que para algo son ustes los cuerpos y fuerzas de S E G U R I D A D del Estado (que somos todos).
También nos habla Lorente de la respuesta del hijo de pu...digo, del asesino una vez consumada su cobardía. Sus reflexiones en este punto me parecen muy interesantes: hay dos fundamentales, o entregarse o el suicidio. En el primero de los casos forma parte del plan establecido, vamos, que el tipejo estaba en el bar, un pinchito Manolo y en la servilleta escribía el planing: desayuno, compra de cuchillo, doce puñaladas, entrega a la policía. Y en la segunda, dice Miguel, hay una pequeña lectura positiva y es que evidencia el rechazo social al acto, rechazo que el asesino no está dispuesto a asumir. Por lo tanto está claro que las medidas cohercitivas en este tipo de asesinatos no funcionan, ni la pena de muerte. Para estos casos, me temo amigo Sancho, no nos quedan más que los libros, y la concienciada tarea de educar a nuestros hijos en la tolerancia en el respeto. Un día nos daremos cuenta de estos valores, pondremos todas nuestras energías en ellos y resultará que son la solución para muchos problemas. Ya verán, ya, que uno siempre encuentra un resquicio para la esperanza.

MICROS

Cuando todos pensaron que el gobierno no podría subir más los impuestos, éste encontró la forma de gravar los sueños. Los eróticos tenían el tipo impositivo más alto, y las pesadillas desgravaban.

EL EXTRANJERO


Más intimismo carabanchelero...

Paciencia, con ella se puede cambiar el tramo de la vida que te desliza hacia la incomprensión del por que, Ilusión, que carece de realidad,sin ella no podríamos transgredir la línea de la verdad, La conciencia,que nos hace seres individuales, nos une también para crear perversas masas bélicas, El amor, ¿amor? La palabra que sangra hilos de pasion, nos une y nos hace vivir lo compacto de esta alegoría tan fugaz. AMOR, buscare escritos, en el fondo de los mares, en los laberintos y lupanares, la etimología de estas cuatro letras amalgamadas.

11 de julio de 2007

YO QUIERO SER ALCALDE




Sueldos de algunas alcaldías madrileñas:


Y esta es la media de salarios por partido:

El salario mínimo interprofesional no llega a los 600 euros mensuales (7.200 anuales) y la media salarial en España no supera los 15.000 euros. Ahora, que cada uno saque sus conclusiones.

EL HÉROE INVOLUNTARIO


Se cumplen diez años de la mediática, brutal e inútil (como todas) muerte de Miguel Angel Blanco. El tiempo pasa deprisa, y las heridas cicatrizan. Mal o bien, se van cerrando. Pero estas fechas, estos aniversarios, avivan los rescoldos e invitan al recuerdo y la nostalgia. Tenía 24 años y trabajaba aquel verano de socorrista. Tenía la radio para las mañanas, mientras limpiaba la piscina, para escuchar el final del Tour o algún que otro evento deportivo. No pensé que una noticia de este tipo me tendría 24 horas enganchado a los cascos. Al borde de la piscina y de la lágrima, iba escuchando la evolución del proceso, el duelo absurdo al gobierno y la más que previsible muerte de un muchacho que, que se sepa, solo cometió el delito de pensar, y eso es para algunos merecedor de la pena de muerte. Miraba a la gente, que seguía bañándose, los niños correteando y jugando y me preguntaba como ellos podían estar ahí, tan tranquilos, como no estaban como yo, aterrados por lo que estaba pasando, por un secuestro y una vida con fecha de caducidad. Pero notaba en las conversaciones la congestión, los gestos reprimidos y la rabia, las ganas de gritar hijos de puta. Si me fijaba más nada era como otros días, las madres y los padres no se bañaban, hablaban y todos lo hacían con un recogimiento extraño. Pasaban las horas y las noticias no eran buenas. Los vecinos al pasar con la toalla y el gesto triste me preguntaban, como si fuera el resultado de un partido. No, todavía no se sabe nada. Y torcían el gesto, porque como yo, sabían que el tiempo jugaban en contra de la libertad. Aquella tarde viví la primera gran manifestación de mi vida, la primera que no era una fiesta, como aquellas de estudiante, la primera que iban con el alma en vilo. Poco después supimos que nuestro esfuerzo, nuestra vigilia no había servido de nada. Un hombre y una mujer decidieron terminar con la vida de Miguel Ángel, y en cierta medida con sus disparos se llevaron también mi inocencia. Estaba cerca de terminar la carrera, aquel verano había muerto mi abuela y uno de mis mejores amigos (todavía nos acordamos de tí, David) decidió dejar de luchar por ordenar el caos de su cabeza y nos dejó con dos zarpazos en sus venas. Era como si la madurez me estuviera dando capotazos. Y entré al trapo. Creo que aquel verano me hice definitivamente adulto.

MICROS

Su jefe es una mujer. La doctora que le salvó la vida hace una año también. La profesora que enderezó a su intratable hijo hace años era igualmente mujer. Sabe que su casa fue diseñada por un arquitecto mujer. Su ciudad tiene una alcaldesa. Y hoy, al llegar a casa y ver que a su esposa se le había quemado la cena, bramó todas las mujeres sois iguales, no sabéis hacer nada.

APAGA LA LUZ, ANDA


ADRIANA: Cariño, ay que bajar la basura.
ADRIAN: Ya
ADRIANA: Ah, y ay que ordenar el trastero, llevamos meses sin hacerlo.
ADRIAN: Tú años.
ADRIANA: ¿Qué?
ADRIAN: Nada, nada.
ADRIANA: Y ay que pintar el salón, que está que da pena.
ADRIAN: Pues sí.
ADRIANA: Y hay que comprar las sillas de la terraza, que son una vergüenza.
ADRIAN: Y hay que llamar a Lázaro Carreter.
ADRIANA: ¿A Lázaro Carreter?
ADRIAN: Sí, mujer, para que incluya en su diccionario el nuevo significado de Ay que: cariño, tienes que.
ADRIANA: Sí, simpaticón, ay besarnos y apagar la luz.
ADRIAN: Mira, ese significado me gusta más.

NOTA: Seguimos pendientes de que le pongáis caras a Adrian y Adriana. De momento.
KIKE SAN FRANCISO 1 ANTONIO RESINES 1 JUAN DIEGO BOTTO 1
VERÓNICA FORQUÉ 2 LOLA DUEÑAS 1

10 de julio de 2007

OBESIDAD INFANTIL


Los niños españoles de 7 a 11 años son los más obesos de Europa y comparten la primera posición en el mundo con los de Estados Unidos. Me he desayunado con esta noticia (dos porritas con su café con leche). Es terrorífico y sorprendente, ni por asomo pensaba que la infancia española compartiera costumbres alimenticias con los americanos. Pensaba que había años luz entre la grasa y la inactividad de unos y la dieta mediterránea y la vitalidad de otros. Pero al parecer tenemos un futuro preocupante en este tema. Pero la noticia no versaba sobre eso, sino sobre un proyecto que se realizó entre los años 2004 y 2006 en 20 colegios públicos. El objetivo del estudio era determinar que el ejercicio físico ayuda a regular la transformación de la grasa en músculo. ¿Cómo?, jugando. Esto que parece una obviedad en la vida que llevan los niños de hoy en día, nuestros hijos, no lo es tanto. Algún día hablaré de la aberración que para mí son los tradicionales deberes en la infancia. Hoy me centraré en eso: el juego. Creo que estamos educando (en conjunto) a nuestros hijos en la pérdida del valor del juego, el juego por el juego, no para aprender, o para lograr una meta deportiva, jugar por jugar. Con esa premisa Mairena Sánchez, coordinadora del proyecto, se planteó el desarrollo del mismo, porque a los niños lo único que les interesa es jugar. Y el estudio destaca la importancia de los juegos tradicionales, que tienen todos los ingredientes que la estumulación física y mental de un niño demanda. Jugra es vital para ellos, es una verdad como un templo que muchas veces se nos olvida. No tenemos el tiempo suficiente para ser comprensivos y queremos que crezcan demasiado rápido, y que comprendan que hay que responder a la primera, que hay que comer de todo, que dormir es necesario...
El estudio concluye que los niños más activos tienen más calidad de vida, mejoran su autoestima, tienen mejor rendimiento académico y menos limitaciones en su vida cotidiana. Por eso es importante que jueguen y por su puesto que juguemos con ellos. Venga, papis, ¡ a jugar !.

MICROS

VuelvE a casa. En la puerta tropieza con el correo acumulado. Hay una carta que le llama la atención, es del hospital, la lee sin demasiado afán: el resultado, bla, bla, pruebas, bla, bla, imposibilidad de otro contacto, bla, bla, le quedan tres meses de vida. Da la vuelta al sobre, ve la fecha del sello y sonríe irónico, hace cuatro meses que debió abrir esta carta.

EL CANCIONERO


Llevamos meses haciendo esto del cancionero y es una vergüenza que no hubieran puesto hasta ahora un solo tango. Como aficionado que soy a su peculiar melodía, de su inconfundible deje. Estaba tentado de ponder volver, el clásico entre los clásicos, de Don Carlos. Pero no, voy a aprovechar para poner algo menos conocido y que viene con historio. Durante mis años de estudiante de bachillerato para ganarme un dinerillo iba a vendimiar a mi pueblo. Eran diez días de compartir trabajo y risas con una cuadrilla formada por quinceañeros (mis primos). No había MP3 y tardamos tiempo en ponerle una radio de coche y unos altavoces al tractor, así que cantar era una de las alternativas a las tijeras y los cuévanos. Y mi primo Juan le gustaba cantar una canción que a mi me divertía mucho y que de vez en cuando le pedía: Garufa, de Victor Soliño y Roberto Fontaina (música de Juan A. Collazo). Ahí la tenéis, para disfrutarla...


Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman Garufa por lo bacán;
tenés más pretensiones que bataclana
que hubiera hecho suceso con un gotán.
Durante la semana, meta laburo,
y el sábado a la noche sos un doctor:
te encajás las polainas y el cuello duro
y te venís p'al centro de rompedor.
Garufa, ¡pucha que sos divertido!
Garufa, ya sos un caso perdido;
tu vieja dice que sos un bandido
porque supo que te vieron la otra noche en el Parque Japonés.
Caés a la milonga en cuanto empieza y
sos para las minas el vareador;
sos capaz de bailarte la Marsellesa,
la Marcha a Garibaldi y El Trovador.
Con un café con leche y una ensaimada rematás esa noche de bacanal
y al volver a tu casa, de madrugada,
decís: "Yo soy un rana fenomenal".

9 de julio de 2007

EL REY DE LA TIERRA Y EL DEL CESPED


Todos maldecimos de los cánceres que asolan el deporte: el doping en el ciclismo, el falso divismo y la mercadotecnia del fútbol, las barbaridades a las niñas de la gimnasia...pero luego hay momentos como el de ayer en el que a uno le dan ganas de pegar un puñetazo en la mesa y grita ¡ que viva la madre que os parió !. Una tarde de domingo de las que el asfalto parece chicle al sol. El ventilador, ese dinosaurio de la alteración climática que sobrevive al tifón acondicionado, calmaba la canícula en mi salón. La siesta rondaba las orejas como un moscardón, pertinaz y concienzuda, terrosa en los ojos. Pero ahí estaba ellos. Seamos pedantes, ahí estaban Rafa y Roger, ¡ qué digo !, Dos Rafael y Don Roger. Nadal y Federer, Federer y Nadal. El cuerpo atlético de nadal, su helénica figura danzando por la la hierba de Wimbledon. La figura estilizada de Federer cortando la lógica con una precisión milimétrica, donde pongo la raqueta pongo la bola...a la que Nadal llega. El tenis es un deporte elitista e individual, pero posee una carga de belleza como pocos. Los grupos musculares, el nivel de coordinación suponen una exigencia máxima para cuerpo y mente. Cuando dos genios tan diamentralmente opuestos se enfrentan, cuando a la furia inteligente se le enfrenta la precisión perfecta, el duelo está servido. Ayer la modorra perdió la batalla, en el segundo set comprendí que aquellos monstruos no tenían la más mínima intención de dejarme dormir. Una derecha, un revés, una dejada maravillosa y me rendí a la evidencia. Tres horas y cuarenta y cinco minutos después aplaudía al emocionado ganador, Federer. Había perdido el mío, sí, pero había ganado el tenis. Gracias, campeones, momentos como el de ayer me recuerdan porque me gusta tanto el deporte.

MICROS

Cuando entró en la cocina lo vio abrazado melancólico al azucarero. Se acercó a él comprensiva. Toma, cariño, tu insulina.

LAS PREGUNTAS DEL PEQUE



Visionando un DVD con imágenes recuperadas de un superocho de principios de los ochenta, un niño mira sorprendido al no escuchar más que la música (parte del montaje posterior) y pregunta "¿papá, es que no se podía hablar en aquella época?

7 de julio de 2007

LAS 10.000 VISITAS




Habéis llegado a las diez mil visitas. Y digo habéis porque sois vosotros quienes lo hicisteis. Empecé en esto del blogeo a primeros de año y en marzo comencé a contabilizar las visitas, por curiosidad. ¿Recordáis?, el 16 de ese mes estaba contentísimo porque había llegado a las 1.000 visitas. A mi me parecía un número redondo, pero más lo es 10.000, y creo que es un buen momento para hacer un balance.
Las visitas han ido creciendo hasta mediados de abril, donde nos hemos estabilizado en la velocidad de crucero que parece ser la de este blog: 550 visitas semanales, a una media entre las 75 y las 85 diarias.

Ha sido una evolución constante, desde el primer día hasta esa velocidad de crucero. Y eso me abruma. Pensar que hay sesenta o setenta personas que entran cada día para ver lo que ha escrito Larry me parece sorprendente. No voy a negar que es un reto suculento, ofrecerles a esas personas algo interesante que justifique su esfuerzo. Tenemos amigos de siempre, amigos que ya son de siempre por entrar cada día y ni tan siquiera habernos visto (Rafa, Paquita...), amigas de Asturias (gracias Mega, por esa cla), de carabanchel (gracias, Emilio), también nos leen en Iniesta (prima, no dejes de hacerlo), en mi trabajo, los del barrio y supongo que desconocidos que llegan por casualidad o porque alguien les dijo algo.
Si he de destacar algo de estos meses serían por un lado vuestros comentarios, algunos sublimes y que han merecido incluso un especio único dentro del blog, pero también los micros, el alma (y el desvelo) de este blog (sí, jódete Marías). Y el concurso de micros fue el cénit de esta idea, todo un éxito de público y de participación. Ahí esta el artículo (me niego a poner post) con más comentarios (64), en la primera elimatoria del I Concurso de suspiros. Y también ahí tenemos el record de visitas en un solo día: 210 el 5 de mayo. ¿No os parece una barbaridad?, a mí desde luego que sí.
Lo más curioso dentro de este análisis es cuando reviso las visitas por día de la semana:


LUNES 104,00
VIERNES 101,13
MARTES 89,18
MIÉRCOLES 86,94
JUEVES 83,46
DOMINGO 66,80
SÁBADO 52,06


Como podéis ver no somos lectores de fin de semana, lo que me congratula, porque quiere decir que el fin de semana le dedicamos mucho menos tiempo al ordenador, que no somos unos frikis de esto de las teclas y los blogs ¡ tenemos vida fuera !. Hasta hace bien poquito el viernes era el día rey ¿queréis saber por qué?, pues por el virus Esperanza Aguirre TM: el autobombo. Cada viernes mandaba un link a todos mis contactos comentándoles que había algo interesante en el blog, y no eran pocos los que educadamente accedían y comentaban algo. Esa rutina la hemos ido perdiendo y el lunes ha ido ganando en número. Debe de ser que cuesta empezar la semana y cuando abrimos el ordenador, antes de lanzarnos a la vorágine laboral, le regalamos unos minutos al ocio en la red. Es buena forma de empezar la cuesta de la semana. Yo lo hago.
En cuanto a los meses, mayo, el del concurso de suspiros, fue el rey:

Mayo 3.048 visitas a una media de 98,32
Abril 2.622 visitas a una media de 87,40
Julio 460 (por ahora) a una media de 76,67
Junio 2.268 visitas a una media de 75,60
Marzo 1.453 visitas a una media de 69,19

La media que arrojan estos datos es alentadora: más de 2.300 visitas de media al mes.

En fin, que no puedo estar más contento, empecé a hacer el blog como terapia literaria y ahora es en sí mismo un fin. Tanto que tengo un nuevo experimento rondándome la cabeza: ¿y si escribiera una novela en "directo"?. Ahí queda eso...










MICROS

Sentada, con una sonrisa irónica no se decide. Mira el armario abierto de par en par y sonríe sarcástica, y ahora ¿qué me pongo?, la pierna de diario o la de los domingos...

GIGOLO; Capítulo sexto. Soñar contigo


Es lo bueno de las guardias nocturnas. Llega a casa y no hay nadie. Queda en el aire, como preso en los objetos, la evidencia del acelerado adiós de todos. Son las cosas de una familia numerosa, nada hay en su sitio cuando la casa descansa. Un zapato por ahí, una camiseta por allá, un pijama mal guardado en algún cajón. La cocina repleta de cazos con la leche aun humeante. Está muy cansada, y sobre todo confusa. Ha sido una noche larga, la más larga, y al tiempo fascinante, cargada de emociones. Desde que a primera hora llegara Susana, y con ella la inquietante silueta de Adrián, han pasado tantas cosas en su cerebro, en su corazón y en su cuerpo, que le da la impresión de que hubo una Sofía antes y habrá una después de esta noche. Normalmente desayuna mientras ve un telediario y deja la cocina medianamente colocada, porque odia el desorden. Pero está muy cansada, la cabeza le da vueltas como si en lugar de una noche de guardia viniera de una discoteca, tiene hasta el zumbido en los oídos. Y el nerviosismo, instalado en el estómago. Es una sensación parecida a la ansiedad, que nace de dentro y como un árbol de nervios muere en la garganta. Tampoco se va a duchar, aunque es lo que más le apetecería, romper el recuerdo de la noche con el agua fría sobre su nuca. No puede, no se plantea ninguna otra cosa que no sea dejarse caer en la cama y tener la esperanza de que el sueño la venza cuanto antes. La familiaridad de su habitación ayuda a que se sienta en casa, el póster del payaso, dando la bienvenida, las fotos de bebés disfrazados de flores, dentro de maceta, sentados en unas botas militares, todos ellos inocentes y dormidos. El beso de Disneau junto a la ventana. Se desnuda. En su casa siempre hace calor y tiene pereza, así que se olvida del pijama y así se acuesta, con unas simples braguitas blancas, en absoluto sexys, se ríe frente al espejo, menos mal que una no va con intención de desnudarse delante de nadie, sino que vergüenza. No es un buen pensamiento, ni rentable si lo que busca es el sueño, porque se ha encontrado de frente con Adrián. Vaya, maldice, otra vez. Y es que toda la noche ha estado luchando contra su imagen. El eco de su presencia repetido una y otra vez por su cerebro, incontrolado e insensible. Baja la persiana con la esperanza de que ese eco salga en busca de la luz del día. Por milagro de la mecánica se hace la noche en su habitación y apenas entra ruido, por lo que siente como todo su cuerpo parece resignado a dormir. Se tumba boca arriba y con los ojos abiertos ve una silueta en el techo. No se asusta, son las reminiscencias de lo visto que, también como un eco, se repiten en su cerebro. No es nada que realmente esté ahí. Es una silueta clara, meridiana, apenas conocida, pero familiar a un tiempo, entre cercana e inquietante. Te vas a instalar muy dentro de mí, ¿verdad?. Se conoce, no es una persona enamoradiza, ni mucho menos, pero cuando cae en algo suele hacerlo con todo el equipo. Aun así es bastante parca en sentimientos bilaterales con intercambio de fluidos, así los define su amiga Cristina. Ligues, dicen otras, rolletes, las más divertidas, polvos de una noche las que no tienen pelos en la lengua, o sí, pero no siempre suyos. Tú lo que necesitas, le ha escuchado decir cien veces, es un tipo que te haga sufrir un poquito, que te agarre el corazón y se instale entre tus piernas y acabe con esa absurda tradición de la virginidad. No tiene sentido explicarle a Cristina que ella no piensa en el matrimonio como meta, ni mucho menos, tan solo en encontrar el hombre adecuado, que la haga sentir única, el hombre con el que no le quepa la menor duda debe entregar su tesoro. La virginidad, hija mía, es el mayor tesoro de una mujer y hay que tener mucho cuidado, porque no te lo pueden devolver, no es de ida y vuelta, como un anillo, el día que te entregues, en el fondo, lo habrás hecho para siempre, así que has de elegir muy seriamente con quien. Menuda responsabilidad, ha pensado siempre. Mira, intentaba serenarla Cristina, si es una cuestión física, yo la perdí en ballet con siete años, porque himen, lo que se dice himen, no tenía; y si es una cuestión moral, ¿por qué la penetración?, ¿no has perdido la virginidad con tu novio cuando se la chupaste o cuando él te masturbó?. Eh, que sólo fue una vez y se puso muy pesado, habíamos bebido mucho, nunca dije que me gustara. Cristina es así, directa, franca. Vamos, a todas nos gusta, ¿te crees que nadie lo hace?, hasta tu madre. Anda, no digas tonterías. Nunca ha encontrado la paciencia suficiente para explicar sus razones, y en el fondo, si tuviera la sangre fría para mirar en su interior, se daría cuenta de que no hay tales razones, sino el ineludible peso de la tradición. Su madre es la persona más conservadora que conoce y eso ha marcado su vida. Religiosa, de las que traen al mundo los hijos que Dios quiera, de misa de domingo y ayudas sociales para calmar la conciencia. Las mujeres pueden ser malignas, ejercen sobre el hombre una atracción fatal que debes controlar, una minifalda, un escote innecesario y puedes romper algo tan sagrado como una familia, como un matrimonio, ¿quieres cargar con eso sobre tu conciencia?. Así ha sido toda la vida. Ella intenta vivir en su tiempo, adaptarse a la forma de ver la vida que demanda ese tiempo que le ha tocado, pero no logra acabar con el lastre de décadas de educación que jamás, quizá ahí está la clave, se molestó en cuestionar. Son pensamientos demasiado profundos que la ayudan a olvidar la silueta de Adrián, sonriente, cautivador, en el techo despedida por su retina insensata e insensible con su cansancio. No sé por qué me preocupo tanto. Se da la vuelta y se abraza a la almohada. El aroma de su propio cuerpo impregnado en ella serenan su alma. El tranquilizante de lo cotidiano. Recuerda ahora un artículo sobre eso, sobre el miedo de los seres humanos a lo distinto. Y Adrián, otra vez Adrián, que se presenta. ¿Cómo puedo haber fijado en un tipo como él?. Aunque esta mañana, cuando ha venido trajeado, a desayunar, preocupado, con mala cara, que dice que no ha dormido en toda la noche, estaba guapo, bueno, y por la noche más, ¿a quién pretendo engañar?, eso es lo que me fastidia, bueno, mejor que por una vez se fastidie mi madre, porque es tan guapo que casi dan ganas de odiarlo, es de esos tipos que se odian igual que se aman, supongo yo. Está inmersa en una duermevela repleta de pensamientos confusos e inconexos, absurdos algunos, sobre todo si se analizan desde el hilo conductor, que no hay. Va dando bandazos de un razonamiento a otro, sin saber el camino, en todos un recuerdo, un simple detalle aunque sea le recuerda a Adrián. Es la figura que siempre se repite. Siente mucho calor. Por todo el cuerpo, pero especialmente en la espalda. Alguna vez ha sentido ese calor. Casi siempre, en esos azarosos momentos, encontraba el camino para aliviarlo, alejar la tentación. En cambio ahora las sensaciones son poderosamente confusas, no hay fuerzas para la razón. Nada en su cuerpo, ni en su mente encuentra el momento de analizar lo que siente, porque se deja llevar, sin control alguno. Tanto que sin darse cuenta aprisiona su pelvis fuertemente contra el colchón. Abraza también su almohada como a un amante más que como a una simple compañera de sueños. Al tiempo la desliza lentamente, de modo imperceptible para ella misma, hasta situarla entre sus piernas, cada vez con más fuerza, sintiendo en su sexo la dulce presión de la prenda. Gime por primera vez. En su cabeza comienza a construirse una fantasía con sorprendente claridad. Adrián entra en el cuarto de enfermería. Ella está con sus compañeras. Coloca su boca ligeramente entreabierta sobre la almohada y desliza la lengua en un largo beso, juguetón, caliente, sincero. Todas callan cuando la silueta masculina flanquea la puerta. Una silueta altiva, arrogante, apetecible, dolorosamente atractiva. Alguna hace ademán de aprovecharse, de echarle un órdago al destino en forma de coqueta sonrisa. Aprieta nuevamente la pelvis, y otra vez más, antes de que una tercera la arranque otro suspiro. ¿Nos dejáis un instante a solas?. La de la sonrisa se siente decepcionada y tuerce el gesto, todas abandonan la habitación. Adrián cierra la puerta con seguridad. Un momento, intenta corregirlo ella, profesional, no puedes cerrar, este es un espacio común. En el fondo le gusta, y aprieta la pelvis con más fuerza. Se sorprende sumisa, dejándose llevar, feliz de que sea él quien tome las riendas. Se acerca a ella, lentamente, como solo lo haría él. Gime con menos pudor, en la garganta le quema el aire que luego yace en la almohada. ¿No te das cuenta de que no me importa nada?, ni mi prima, mi amigo, ni el mundo, porque solo me importas tú. Así es el Adrián de sus sueños, seguro, directo, certero. Un beso largo. En el sueño lo devuelve Adrián con mucho más calor que la almohada, a la que se aferra con fuerza, todo el cuerpo convulsionado, ayudando al sexo con las manos, presionando en busca del calor, besando, confundiendo el sabor limpio con el que imagina de la boca de Adrián, desprendido de su fantasía con maravillosa certeza. Esa lengua se ha deslizado por el cuello, porque él conoce sus secretos, y activa la pestaña que todo lo desata, abre las compuertas de la presa y el agua del deseo se desborda sin control alguno. La conoce perfectamente, más incluso que ella misma, porque conocía antes que nadie la nueva Sofía que nace hoy, ardiente, sumisa al deseo, olvidadiza de rigores morales. Si fuera capaz de desdoblarse, de observarse asiendo la almohada entre las piernas, lamiéndola, no sería capaz de reconocerse en esa sudorosa joven. Se gira sobre si misma, todavía con los ojos cerrados, dejando que su mente siga el vuelo. La almohada queda relegada a un segundo plano, en un rincón de la cama, todavía impregnada de calor, de humedad. Mientras la prenda queda huérfana de contacto ella comienza a acariciarse. Ni carias caóticas, ni inocentes. Son certeras y directas como nunca. Responden a lo que Adrián regala en su sueño. Dos dedos como una boca, como unos labios, como una lengua, saborean su cuello todavía. Otra mano se desliza por el vientre, sin prisas, hasta ese lugar tan especial, tan olvidado, tan reservado. Ahí no te toques, cariño, eso no es para jugar, habrá oído miles de veces en su infancia. Esa rémora la detiene, ¿un latigazo de su conciencia?. Es breve, un instante de duda, un respiro que dura lo que tarda Adrián en desabotonar el pijama blanco, desnudarla de su tímida camiseta interior y elevarla sobre la mesa. De un manotazo masculino e inesperado aparta las historias clínicas, un paquete de tabaco olvidado, las radiografía del último paciente, doble fractura de tibia y peroné, le recuerda otro ramalazo de su conciencia, ineficaz como el anterior, hay bolígrafos, una revista también, y todo cae al suelo con un estrépito que sirve de salva para celebrar la pérdida de control. Por fin la mano cruza la frontera entre el bien y el mal, entre lo que es un juego despistado, hasta inocente, y lo que es el goce solitario entregado y definitivo. Los dedos, tímidos y al tiempo decididos, surcan la goma de las braguitas y se lanzan con pasión ancestral. Primero reconocen ese entorno maravilloso todavía por conquistar, jugueteando con el bosque que les ha dado la bienvenida. Desnuda a Adrián con lucidez recién llegada, sus negros ropajes de caballero valiente caen al suelo y juega primero con su cuello, después con su pecho, con esos pezones que imagina imberbes, tersos y tensos. Él también juega con los suyos, los muerde, los besa, los amasa con suavidad, con ternura no exenta de pasión. Sofía, jadeante, sin pudor, con una mano entre las piernas, acaricia esos pechos, los dos, respondiendo al itinerario marcado por su sueño. Se acerca incluso uno de ellos hasta poder besar el pezón. Lo lame con desesperación, acompañando a cada lengüetazo con un nuevo gemido agónico. Lo muerde por primera vez y con la punzada de dolor se disparan definitivamente sus sentidos. Revientan al fin por los aires las pocas barreras que quedaban en pie. Años de trabajos maternos dilapidados definitivamente por un mordisco. Esas eran las barreras que le impedían a sus dedos lanzarse a su sexo sin tapujos. Los labios agradecen la entrada en escena con un torrente húmedo y cálido que muere en las sábanas. La sobredosis de oxígeno que llega con los gemidos la provoca ligeros y turbadores mareos que no hacen sino multiplicar todas las sensaciones. Ya no hay barreras, control, límites, y el guión de su sueño se enloquece. Quiero que me comas, quiero que me comas la polla. Es soez, grosero, pero ya no hay nadie para recordarle lo que estaba o no estaba bien, lo que era correcto o no, y la palabra polla en los labios de Adrián, del Adrián de sus sueños, suena a dulce invitación. El contacto con el pene es cálido, tan caliente que teme quemarse las manos. Quítame los pantalones. Ahora es ella quien ordena, y por la prontitud en la respuesta intuye no va a ser la última vez que lo haga. Quiero que empieces por mí. Con la misma presteza Adrián se arrodilla y comienza la danza de besos. La ventaja de un sueño es que nada sale mal, nada falta ni sobra. No había braguitas que se interpusieran entre sus labios y la boca, ni el frío suelo se interpone entre sus deseos. En el mundo real la mano que se deslizaba por el sexo acaricia incisiva y circularmente el clítoris. Tres dedos planos que dibujan el mapa del universo recién descubierto. El ritmo es sereno, distante de sus jadeos, pero no de la lengua de Adrián, el mejor cartógrafo entre sus piernas. Se siente al tiempo sorprendida e invadida cuando un dedo se ha deslizado dentro de su cuerpo. Más que un dedo es un arpón que ha minado su deseo. Entre sus piernas, las reales, las que sudan como el resto de su entregado cuerpo, también ha penetrado ese dedo, igual de insurrecto, igual de certero. ¿O fue antes en las piernas que en el sueño?. Sea como fuere reconoce su propio cuerpo surcado por el dedo inventado, que trasmite órdenes al dedo real, ese que le quema por dentro. Con la palma de la mano no olvida masajear, acariciar el resto de la cueva y sus alrededores, sensitivos como nunca. La cintura también entra en danza, dibujando círculos en el aire, mientras ella, la Sofía del sueño, decide por fin abrir su boca al delirio, a la entrega total. El sabor es confuso, intenso, amargo y agradable. Estaban tan perdidas en la memoria las sensaciones de aquella primera vez que parece serlo ésta, y por eso la goza como tal, entregada a la novedad. Siente que al tiempo que le llena la boca todo su cuerpo se siente repleto, y lo que faltara por llenar se colma con los gemidos que llegan. La lleva dentro con lentitud, muy dentro, hasta donde los dedos en el mundo real consideran está el límite. Se agita, con una mano surcando sus entrañas entre las piernas y otros dedos buscando el límite en su boca en forma de pene lamido y mordisqueado. Sabe que de seguir así el Adrián de sus sueños sentirá un orgasmo, la invadirá con su caldo caliente y desconocido. Pero no le importa, o sí y le gusta, o no le gusta, no lo sabe y eso sí que no le importa, porque los dedos, como el pene de la fantasía, siguen dentro de su boca. Mañana no será capaz de creerse lo que su deseo y su cerebro están regalándole, pero ahora todo es normal, todo es perfecto, todo forma parte de un guión magistralmente enlazado. Nada importa salvo el placer que está sintiendo. En la fantasía, finalmente, Adrián no desea correrse en su boca, sino que quiere follarla, diría tal vez el del mundo real, quiero follarte, pero el de su fantasía le dice que quiere hacerle el amor como nadie antes se lo haya hecho. Ni se molesta en justificar en un sueño, para eso es suyo, y menos en el mundo real, ese en el que tres dedos son un jugoso pene juguetón, que nadie antes ha podido hacerlo mejor o peor. Importan poco esos detalles en el mundo inventado, nacido y alimentado con cada nuevo gemido, donde todo es tan perfecto que se desliza hacia la realidad que cada segundo necesita, y en este segundo ella no es virgen, así que no lo será. Si alguna parte de sus conciencia la coaccionara a pronunciarlo en la ensoñación, está convencida de que como las campanas del cuento esas palabras convertirían su fantasía en una calabaza. Así los dedos volverían a ser dedos y ese es un precio demasiado alto. Hazme el amor, es lo que debes, es lo que deseo. Lo suplica tan alto en sus sueños que la voz llega también al mundo real, mecida por la nana de suspiros. Adrián obedece, deseoso y experto, y entra en ella con suma suavidad, como no podía ser de otro modo. Dentro de ella prende como una antorcha la carne que Adrián entrega, como los dedos en su sexo, fieles a las ensoñaciones. Ahora son gritos y no gemidos, perdida toda cordura, todo control, los que arden en su garganta. Se abraza a él fuertemente, sintiendo el poder del cuerpo en tensión, la agonía del esfuerzo en cada músculo, en cada tendón. La mesa golpea contra la pared, y el sonido es excitante, tum, tum, tum, el ritmo de sus corazones. Fuera deben estar sus compañeras, los médicos, los pacientes, las visitas, ajenos todos al maravilloso drama escrito por el deseo tras esa puerta, con dos seres perfectamente acoplados, como las dos únicas piezas de un puzzle condenado a terminarse por fin. Sentiría un orgasmo, en este instante, en el mundo real y en sus sueños, donde Adrián ha entendido cada envite, cada gesto para darle el ritmo y la presión necesaria a cada embestida. Pero, maravillas de los sueños, Adrián vuelve a estar fuera de su cuerpo, y ella vuelve a pedir que entre, que le haga el amor como nadie se lo ha hecho nunca. Y vuelve a sentir el cuchillo de su pene entrar en la mantequilla de su sexo, y vuelve a gozar y a gemir con la misma ansia. Antes la ha dado la vuelta, puesta en el suelo y agarra sus pechos con fuerza, como si temiera que fuera a escaparse. La nueva postura ofrece maravillas distintas, porque Sofía es a un tiempo la mujer follada y el espectador que todo lo ve, que goza con los dos cuerpos nuevamente acoplados, jadeantes, sometidos a las olas de la pasión. Dos culos que se aprietan y un mástil que se inserta con destreza. Definitivamente no resiste más. Los dedos de los pies se tensan, se estiran, se retuercen, se abren como un abanico para cerrarse como las garras de una animal. Los de las manos multiplican el trabajo y las sensaciones, por todo el cuerpo, casi sin control, un maravilloso desconcierto de pellizcos, caricias y arañazos. En los viejos lugares. Y en aquellos recién descubiertos. Se arquea, llevando la espalda hasta el dolor, hasta el techo, metiendo sus dedos dentro con furia, como nunca lo había hecho jamás. Grita, suspira, gime y se muerde el labio hasta hacerlo sangrar ligeramente. No puede pensar. Los dos han desaparecido del sueño, el sueño mismo se desvanece, sin orgasmo, apremiados por el que sí ha llegado en el mundo real, ese que ha terminado definitivamente con la vieja Sofía, aquella que se negaba a conocerse y a entregarse. Le sorprende la humedad que ha empapado sus piernas y la sábana de un líquido caliente y desconocido. Intenta recuperar los ritmos naturales del corazón, de la respiración y nota el cansancio apoderarse de su cuerpo. Ese proceso de retorno a la normalidad llega acompañado de las primeras sirenas de alarma. Un zumbido lejano todavía, pero familiar. La parte serena que fue cruelmente despedida con la primera fantasía comienza a tomar el control, y es la que ha dado la señal de alarma. Llegan los primeros remordimientos, que todavía tienen que luchar contra algún que otro suspiro sorpresivo. Dios mío, esto no puede ser normal. Pero lo es, se lo dice el corazón, que late al ritmo de siempre, aunque mucho más pleno. La respiración viene igualmente del mismo rincón de siempre y muere al mundo por la boca aunque tenga que llamarlo todavía jadeo. Se siente crecientemente confusa, admite lo que ha ocurrido, se ha masturbado, ha sentido un orgasmo maravilloso y ha imaginado como un hombre apuesto le hacía el amor salvajemente. Admitir que ha gozado supone admitir su fantasía, que no es como otras veces una bruma difusa, imágenes sin más, tal vez de un actor, algo mucho más aséptico y perdonable. Pero no, Adrián es un hombre real, y eso le duele a una parte de ella que retorna. Bueno, no pasa nada, no pasa nada, se dice buscando serenidad, mañana será otro día, ahora a dormir, que falta me hace. Cierra los ojos pero en todo su cuerpo quedan las evidencias de la batalla. También en la memoria, o en la sábana que le sigue regalando la humedad de su propio cuerpo. Aparece un figura sangrante, traída por la conciencia, por la educación de siglos. Tendré que hablar con el padre Ramón, sí, eso será lo mejor, él me entenderá, sabrá que ha ocurrido, que es el cansancio, la guardia, la edad, el tiempo, mi cuerpo. Él sabe que soy una mujer decente, consciente de mi compromiso con Dios, pero Dios lo sabe todo, lo entenderá todo. De pronto le pesa la evidencia de que Dios, que todo lo ve, o eso la enseñaron, ha estado presente en este desenfreno carnal sin precedentes. No cree sus propias palabras, es como si de golpe la verdadera Sofía fuera la que gemía con dos dedos en su coño y no ésta que busca desesperadamente la calma en la penitencia. Mañana será otro día, mañana veré las cosas con mucha más claridad, seguro, no hay mal que dure cien años o que resista a diez horas de sueño. No es la primera vez que me masturbo, Dios me entiende, hasta Cristo fue tentado en el desierto, ¿cómo no voy a caer yo en la tentación?, yo soy carne, y la carne es débil. Adrián es el demonio. Es una idea que le hace gracia. Pobrecillo, el demonio, si no ha hecho nada. No me lo imagino con cuernos, la verdad, y con rabo menos, claro, que en mi sueño lo tenía, y a mi me ha parecido bien que lo tenga, que digo yo que no hubiera sido lo mismo si no lo hubiera tenido ¿no?. Pero, por Dios, a mí ¿qué me importa lo que tenga?. Es desconcertante pensar que me haya gustado tanto, que me imagine un sabor concreto, que no será, seguro, que eso debe de ser un poco asqueroso, que no lo recuerdo y será por algo. ¿Me habré enamorado y por eso me invento algo tan perfecto?. No, no digas tonterías. ¿Mi madre hará esas cosas con mi padre?. Sí, claro, se quieren, ¿cómo no van a hacerlo?, bueno, a lo mejor ellos no, ellos, bueno, ven el sexo distinto a los jóvenes, lo han dicho siempre, que nosotros nos dejamos llevar más por los placeres de la carne, y claro, ahora tengo que darles la razón y mira que me fastidia. Bueno, en la intimidad una puede caer en estas cosas, a lo mejor es el modo más idóneo para no caer ahí fuera, en el mundo real donde hacer lo que yo he hecho tiene consecuencias peligrosas, vaya que si las tiene, y mientras me hacía eso, vamos, tocarme y todo eso, no pensaba en un embarazo, claro, no pegaba, porque lo que importaba era la carne. Madre mía, no digo más que tontería, idioteces, es el sueño, seguro, el sueño que tiene estas cosas. Poco a poco la escasa coherencia de los pensamientos se va diluyendo entre el cansancio, van desapareciendo sin concluir su misión, sustituidos por otros más breves que tampoco culminarán su objetivo, acelerándose el proceso más y más, como el movimiento de una serpiente que huye, zig, zag, zig, zag, de un lado a otro, rápido, sin mirar atrás, se va disparando, disipando, difuminando, diluyendo, hasta que por fin se queda plácidamente dormida.

6 de julio de 2007

UN HIJO


Un niño de tres años muere atragantado con un trozo de salchica delante de sus padres. Lo escucho por la radio. Siempre pensé que la expresión se te encoge el alma era una metáfora, una hipérbole. Pero no, es verdad, puede ocurrir. Lo he notado, he notado como se comprimía por dentro, como se aplastaba, como se arrugaba como una hoja seca. He notado en la garganta su presión, su angustia, sus ganas de salir. Los niños, los hombres no lloran, ya lo dice Miguel Bosé en una canción. Me he mordido el labio, he pegado un puñetazo a la radio para apagarla y he seguido conduciendo. Me he cambiado de carril, he salido del túnel, he enfilado la autopista. Pero qué va. Dos tozudos y ardientes lagrimones han zanjado la discusión. Lo siento Miguel, pero los niños lloran, y vaya si lloramos.

Estas cosas me atenazan minutos y me condicionan durante horas. No lo puedo evitar. Es como si mi subconsciente, ese cachondo que por las noches, cuando bajo la guardia, me repite las pesadillas recuerrentes de siempre (cuando acabé la mili que tenía que repetirla, cuando acabé la carrera que me quedaba una eterna asignatura...) encontrara un resquicio y se atreviera a salir a al palestra. Me tortura una y otra vez imaginando que soy yo ese padre que le da la cena, que nota que se atraganta, que se angustia, que se asusta, que se desepera cuando la ambulancia les lleva a un hospital, que pierde la razón cuando le dicen que han hecho todo lo que han podido...No puedo imaginarme un dolor mayor que ese, y no sé si después uno es capaz de encontrarle un solo sentido a la existencia. Por favor, dame un respiro, esperate al menos a esta noche, durmiendo encuentro en consuelo al despertar y comprobar que todo ha sido una pesadilla.