14 de abril de 2011
13 de abril de 2011
PELLAS
Digo yo que lo harán, matematicamente hay más probabilidades de que lo hagan a que no. Yo las hice. Las llamábamos pellas, no sé muy bien por qué. Y era faltar a clase. Recuerdo la primera, premonitoria, porque falté a religión. Miraba a las ventanas, a la gente por el patio, en la calle, porque pensaba que llevaba escrita la frase "está faltando a clase". Recuerdo otras con mi amigo Nono para ir a ver "Perros callejeros" en el único VHS del barrio. Tanto le cogí el gustillo que hubo hasta un día que no llegué ni a entrar. Fui un mal estudiante de instituto, y no por falta de capacidad, sino por falta de motivación. Después llegó la universidad y falté, bastante, a clase, pero curiosamente rara vez lo hice por unos botellines o un tumbarse en la pradera, cambiaba las clases poco rentables por los libros y la biblioteca. Y ahora soy un padre responsable, con un futuro profesional más o menos estable. Seguro que si mis padres hubieran sabido la cantidad de horas que pasé en la calle en lugar de sentado en mi pupitre, además de una reprimenda severa, habrían terminado preocupados camino de un especialista ¿Qué haré yo cuando sepa que mis hijos faltan a clase por una partida de futbolín o la wii en casa de un amigo? Sé lo que es, lo que supone, y el riesgo, pero no podré quedarme de brazos cruzados y obviar mi responsabilidad. Tendré que ponerme serio. Incluso, como nos ocurre casi siempre, terminaremos olvidándonos de nosotros mismos 3o años atrás y preocupándonos en exceso, tal vez camino de un especialista, ayudeme, doctor, mi hijo ha faltado a clase. 12 de abril de 2011
EL HIJO DEL CHISPAS
No era un niño malo. Trasto sí, pero no malo. No recuerdo haber hecho daño a nadie por el placer de hacerlo. Pero ahora que ando intentando instalar los valores del respeto a mis hijos, que les quiero hacer entender que reírse del distinto es reírse de uno mismo porque todos somos tan distintos que parecemos iguales, me he acordado de él. En mi clase estaba Raúl, que tenía aquellos aparatos en las piernas que popularizó después Forrest Gump, y no recuerdo que se sintiera jamás marginado. Ni el gordito de la clase, o el gitano. Pero la memoria es como una pareja rencorosa. De quien os hablo era un espíritu de la golosina con pelo largo y lacio. Cuando nuestro mundo se ceñía a las dos plazoletas y la calle que bajaba al parque, su padre tenía una tienda de esas que lo mismo te arreglaba un televisor que te niquelaba un secador. Aunque eran de fuera, era el chispas del barrio. Si hijo pasaba muchas tardes en la tienda, en la puerta, en nuestro territorio, así que al final fue nuestro amigo. Y nos costó, porque era fácil caer en la tentación de reírse del raro, del de fuera, que no tenía más que el poco rentable “a que me chivo a mi padre” para defenderse. Recuerdo algunas perrerías, no fueron muchas, quizá pocas, porque al final terminó siendo nuestro amigo. Más por inercia que por méritos suyos o nuestros, que no dejábamos de ser unos cabroncetes de diez años. Después la tienda cerró y no supimos nada de él en algunos años. Rondando los quince nos fuimos a las fiestas de otro barrio y nos lo encontramos. Me contó que se había muerto su padre. Entonces, por el arte de magia de la empatía, lo vi más alto, más maduro, más sensato. Sentí pena. Pena por lo que le había pasado. Pero también pena por lo que le habíamos hecho pasar. Valga este pequeño artículo como el abrazo que no te di entonces, amigo. 11 de abril de 2011
LUZ
Mi profesor de naturales ya nos lo decía: la vida sale de la luz. Y tanto. Lo que pasa es que el se refería a la fotosíntesis y yo a iberdrola. Ni petróleo ni gaitas, de lo que dependemos es de la luz eléctrica. Y eso que para mí sigue siendo un misterio que se ilumine un cacharrito porque yo le de a un interruptor que hay en la pared. Que también vaya nombrecito ¿no sería mejor un ruptor? porque no interrumpe, irrumpe más bien. El caso es que sin luz no somos nada. La comida se nos estropea, no podemos afeitarnos, ni ducharnos, ni leer un libro si ya es de noche. Esta mañana no había luz en mi oficina. Los más madrugadores hemos tenido que recurrir a la alta tecnología para cumplir con la más baja de las misiones matutinas: desayunar. Como cazadores furtivos del enchufe vivo hemos utilizado la energía alternativa de los servidores de informática para calentar dos trozos de pan y encender la vieja cafetera. Ha sido como volver a los orígenes del hombre. Estábamos a oscuras, rodeados de portátiles, cables, pantallas grises y nos parecía estar en torno a la hoguera en un cueva ancestral. No había fuego, sino un triste tostador blanco y una cafetera de melita que por fin chisporroteaba, regalándonos el aroma inconfundible de ese café que sabe a necesario. Ha sido un desayuno lleno de camaradería y risas, pero ahora que ha vuelto la luz, y puedo darle a las teclas, ahora que he salido de la cueva forzosa de la luz cortada me siento mucho más yo. Dónde va ir a parar.
9 de abril de 2011
ODISEA APÓCRIFA Fui yo aquel marinero que esperabas Y tú faro en la niebla, mi puerto, mi Penélope Tejiendo y destejiendo la distancia Con la esperanza incierta de que un día Supiese interpretar mi sed tus mapas. Que lástima que el viento y las corrientes Jamás se nos mostrasen favorables, Y al cabo haya quedado este poema En una amarga crónica de náufragos Ahogados frente a la Ítaca soñada. Qué largo fue el periplo en el desierto Para acabar varados en la nada.
8 de abril de 2011
RESACA 2.0
Hay algo oculto. Lo sé. Con lo que avanzan las tecnologías, que hoy todo el mundo puede hacerse una autofoto al tiempo que la cuelga en internet, que somos capaces de llevar una sonda a Marte o crear trenes que van a la velocidad de los aviones, hay algo oculto, seguro. Hay una asociación de madres clandestina, histórica y con un poder que te cagas, sino, no lo entiendo ¿Cómo es posible que a estas alturas del siglo más tecnológico de la historia de la humanidad los aspiradores de hogar hagan ese tremendo ruido? Yo os lo digo, es la misteriosa logia de la madre de adolescente. Los fabricantes nos engañaron a nosotros y supongo que engañan a los adolescentes de ahora. Nos hicieron creer que no había más remedio, que era impepinable para que aquel cacharro del infierno se comiera las pelusas hacer ese desagradable e incisivo ruido. Pero es la logia la que se encarga, como un poder oculto, de frenar los impulsos tecnológicos a favor del silencio. Es su venganza. Es la estratagema. Que tire, que tire la primera piedra la madre de un adolescente que jamás haya pasado un aspirador a las diez de la mañana de un domingo mientras sus hijos duermen la borrachera o lo intentan al menos. Canturreando y golpeando con el cepillo del aparato del demonio los rodapiés. En la adolescencia no hay resaca. Hay madres vengativas y fabricantes de aspiradoras solidarios. Ahora, en la madurez, hemos llegado a la resaca 2.0, en la que la aspiradora va de serie y está implantada en tu cerebro. Y no para, eh, venga y dale. La resaca 2.0 es eterna...7 de abril de 2011
A.M.I.G.O.S.
Canción "popular" interpretada por Fer y Larrey (los andilucas de Aluche) y compañía (2011)
Yo desconfiaría de aquellas personas que tienen muchos amigos en facebook. Parece como si quisieran atesorar, vender una imagen de popularidad, ficticia a todas luces. Ese mal cibernético viene de lejos. Conozco mucha gente que se jacta de tener, no muchos, sino muchísimos amigos. Yo no. Yo tengo pocos. Diría que muy pocos amigos. AMIGOS con mayúscula, personas por las que me remangaría y me metería en el fango hasta las cejas por echarles un cable. Personas a las que necesito que las cosas les vayan bien para que a mí me vayan bien. A la familia no la elegimos. A ellos sí. Veo la vida como esos aparatos para cribar que se usaban antes en las obras, se mueven, golpean y filtran. Al principio, en la adolescencia, tu vida es una montaña llena de arena y amigos. Después va pasando el tiempo y rondando los cuarenta te das cuenta de que donde antes habían un jolgorio botellero de treinta personas incapaces de ver más allá de la madrugada del domingo, ahora hay media docena de buenos amigos en los que puedes confiar y, sobre todo, con los que puedes contar cuando las pintan calvas. Porque a los conocidos no les gustan las calvas de la vida. Se quedan en esa criba. El tiempo pasa. Quizá no compartas espacio. Es posible incluso que no te enteres de que se ha cambiado de coche o de que puede que esté buscando otro trabajo. Pero un día le llamas, o la llamas, le dices que necesitas que venga, y antes de colgar está llamando a tu puerta. Eso es un amigo. Lo demás, números en el caralibro...
6 de abril de 2011
SE TUERCEN...
Hay días como que las cosas simples se tuercen. Ayer tuvimos que dejar el coche aparcado lejos, eso supone paseito con las mochilas del cole, con las pocas ganas que quedan a última hora y sobre todo que papi se tendrá que dar un poco más de prisa por la mañana. Porque llevo mis tiempos como los Fórmula 1. Preparo o pienso la ropa por la noche, para no perder tiempo, pero no encontraba la chaqueta, así que para no despertar a la familia, el azar decide. Así que la mañana empezó corriendo. Con el coche intenté salir marcha atrás para no dar tanta vuelta, pero no os imagináis el tráfico de mi barrio a las 6,45. Paseito turístico por el Carabanchel preamanecido. Llego a por la prensa. Delante veo una fila de coches detenida. Un camión descargando un contenedor. Mientras doy los buenos días al quioskero, pienso en alternativas para no tener que esperar. Soy hombre, así que hice el 66% de lo que tenía previsto. Pagué, me despedí y con un camino alternativo en la cabeza me fui con el coche. Otra vueltecita por el barrio. Otras obras. Un camión más, éste de la basura, y ya enfilo el camino de siempre. La chaqueta elegida por el azar es demasiado gorda. Me estoy achicharrando. En un semáforo me la quito. Soy grande. Tengo que salirme. Cuando estoy en ello me doy cuenta de que el móvil está en el bolsillo. El semáforo se pone en verde. Me lo guardo en el pantalón. Detrás pitan. Tiro la chaqueta, me meto, reanudo la marcha, pero ya es tarde, los cuatro coches que nos precedían han pasado en verde, nosotros no. Mi sucesor me mira con mala cara. Sonrío. Sin mas incidencias reseñables llego a la zona de trabajo. En el último semáforo echo un vistazo al periódico. Vaya, la contraportada de EL País ha cambiado. Miro la portada. Leñe, ¿la portada también? Entonces caigo en la cuenta, soy hombre y no puedo hacer tres cosas a la vez (hablar, comprar y planificar) así que me he confundido y sobre el maletín descansa El Mundo. Frustración tremenda, como dicen le pasan a los muertos que ven su vida pasar, delante de mis ojos veo El Roto, el chiste de Forges, el artículo de Rosa Montero, las cartas al director...Pero el que la hace la paga, así que por estas que me lo leo. Lo dicho, hay días que las cosas se tuercen y...
5 de abril de 2011
BY ZP
4 de abril de 2011
EL TRIÁNGULO DE LA MANCHUELA
banquetas, una barra, sillas, y lumbre. Un rincón donde la cerveza siempre está fría y los corazones calientes. Un rincón del que, misteriosamente, es muy difícil salir. Ejercen las paredes centenarias, con su colección de aperos y recuerdos, una atracción anímica de incalculable potencia y ya sólo las necesidades fisiológicas más perentorias y retrasadas al máximo logran obligar a los moradores a abandonar las viandas, los champiñones al inconfundible estilo Miguel, las cervezas y las risas. Solo cuando Morfeo se pone terco y las pestañas multiplican su peso por mil, se ve uno obligado a desencajar el alma de este espacio y su misterioso hechizo. Y por el Triángulo de la Manchuela han pasado labradores, jardineros, cocineros, médicos, directivos de empresas, trabajadores sociales, psicólogos, maestros, parados, escritores, adolescentes, ingenieros, amas de casa, abuelas, nietas y toda clase de personas que han sido incapaces de abstraerse del embrujo de la bodegueta del tío Miguel. Quizá no conozcas este rincón, que será como otros muchos que pueblan nuestros recuerdos, pero el día que lo conozcas te pasará lo que a todos, no querrás salir...1 de abril de 2011
LOS TRADUCTORES
Leí hace tiempo que iban a poner traductores en el Senado español, porque los senadores de ¿paises? como Cataluña o Galicia defendían su derecho a explicarse en su lengua materna, tan cooficial como el castellano...cooficial, que palabra más pornográfica, pareciera que el catalán le da por culo al...no quiero ser yo quien insinúe que...en fin, que me salgo de este jardín. El caso es que el primer impulso es pensar que está bien. Pero luego dices, la verdad, menudo morro, dentro del hemiciclo se gastan la pasta en traductores y en los descansos, en las charlas de pasillo, se entienden tan tranquilos sin necesidad de intermediarios subvencionados y sin batalla lingüística alguna, demostrando lo que en la calle ya sabemos: el que quiere hacerse entender lo consigue. He escuchado a algunos defender que en tu lengua materna eres capaz de enfatizar, de encontrar las palabras justas con mucha más certeza. No sé si los santos tenían razón, pero valga el refrán. Ahora ¿os habéis fijado en las traducciones simultáneas? Ya puede el orador poner todo el énfasis de la butifarra sagrada y la dorada barretina, que el operario de la escuela de idiomas le va a poner el mismo tono que un documental de la Dos, vamos, que le pone más ganas la vocecita del tomtom. Así que lo que se gana por un lado lo perdemos por otro, que el político bajará del palio convencido de su capacidad para enfatizar y el traductor seguirá limándose las uñas mientras traduce. Así que da la impresión de que esto es más de lo mismo, que los políticos con sus tonterías van por un lado y los de la calle, que les votan y tonterías las justas, van por otro. Nada nuevo bajo la urna.
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