
Para celebrar su 20 aniversario decidió ponerse el vestido que su marido le regaló para el décimo. Estás preciosa, dijo él, pero no necesitas comprarte nada nuevo para estarlo.



La semana pasada leí una encuesta en El País. Entenderéis que esta no es la noticia. Más que una encuesta era una parrilla de respuestas sobre algunas preguntas tópicas de sexo. Me gusta ver lo que la gente opina sobre el tema, y también lo que dice, que no necesariamente viene a ser lo mismo. Es como el chiste aquel de el 50% de las mujeres confiesa que se masturba, y el otro 50 miente. Más o menos. El caso es que de todas las respuestas me llamó la atención una. Hablaban sobre lo de gemir mientras se hacía el amor y una mujer respondió que ella era muy silenciosa en la cama pues le daba bastante vergüenza. Entonces me puse a imaginar, lo cual resultó bastante entretenido, se besan, tal vez en el portal, suben en el ascensor, empiezan las primeras caricias, él se lanza a los senos, ella se va excitando y siente la excitación de su pareja entre las piernas. Llegan a casa, van quitándose la ropa en el camino. El toca su culo. Ella no se quedá atrás. Mordiscos, más besos, un dedo que va, otro que viene, dos manos que se aferran. Las lenguas, puede que hubiera sexo oral y ella se arrodillara en algún momento para meterse el pene de su pareja en la boca. Incluso, si es su día de suerte, tendrá que abrir sus piernas para recibir ella también su ración de sexo oral. Un preservativo, unos besos y comienza la penetración. Después de todo esto, de estos magreos, de este intercambio de fluidos y deseo ¿de verdad que uno debe tener vergüenza de unos simples gemidos?. Me da la impresión de que pasa el tiempo y seguimos sin superar ese puritanismo pseudocristiano que nos atenaza en nuestras relaciones sexuales. ¿No os parece?.
La más sexy de todo el local. No hay duda. Ante sus miradas ha ido reculando tanto que está contra la última columna. No puede ser. Ella no lo puede estar mirando a él, no puede estar coqueteando con él, uno de los cientos de chicos normales de la sala. Está con dos amigas a las que no parece hacer mucho caso. Él vino con una decena de que a la segunda copa se dispersaron, con mayor o menor suerte, en busca de una mujer. No se sentía con fuerzas, todavía no ha pasado el luto de la pérdida, y tortura su mente con el recuerdo de verla con las maletas, cerrando la puerta. Pero esta rubia de pechos arrogantes y mirada entre infantil y lasciva puede acabar con sus reservas. Se va acercando, sonriente. A él no le queda local al que apartarse para dejarla pasar. Hola. Él dice algo, más bien lo intenta. ¿Por qué no te has acercado? Otra vez intenta hablar pero no puede, tiene la garganta seca, temblor en las piernas y la concentración sanguínea en un lugar inadecuado para el diálogo. He intentado invitarte a bailar con sonrisas, con miradas de niña, de tigresa, hasta con un dedo en el labio y tú cada vez te ibas más lejos. Ya. Bueno, no es un gran discurso el suyo pero al menos ha logrado superar el balbuceo. ¿Te doy miedo? Sí, mucho. ¿Por qué? Tengo un problema. Ah, vale, no me lo digas, se llama esposa y te espera en casa. No, no es exactamente ese. Bueno, pues espero que cualquier otro podamos superarlo, ¿no te parece? Puede ser. Ahora están muy cerca, siente el roce de sus pechos, mecidos ligeramente por unas caderas presas en unos vaqueros que parecieran un anuncio andante. Su tendencia a ser extremadamente educado casi le lleva a agradecer al último que pasó camino del baño, eh, gracias, tío, acabo de sentir sus tetas perfectamente. No creas que soy así a cada chico que me gusta, suelen venir a buscarme, pero hoy tú parecieras estar ciego. ¿Y por qué la tía más buenorra de todo el puto local se va a fijar en este casi cuarentón con canas y medio calvo con tendencia a la tristeza?. Es incapaz de verbalizar tan complejo pensamiento y se decanta de nuevo por el monosílabo estrella. Ya. ¿Estás triste por algo? Si, siempre lo estoy. Se te adivina en los ojos. Sus amigos se han reagrupado en parte y contemplan la escena satisfechos. Él apenas si sale del campo de acción del escote. Mira, ella levanta la mano mostrando el reloj, pero él sigue hipnotizado por el gran cañón que dibujan sus dos pechos. Es tarde. Mañana tengo que madrugar, ¿crees que tu tristeza podrá dejarnos que al menos te de un largo beso que te ayude a dormir mejor?¿Un beso? Si, mira, es algo así como juntar los labios y dejar que nuestras lenguas se quieran un poquito, sin compromiso. Dicho y hecho. Se agarra a su cuello con fuerza, sin soltar la copa, se alza sobre las puntas de sus pies y mete la lengua en su boca con firmeza pero sin prisas, demorando el contacto, dejándose querer. ¿Ves?, no era tan difícil, parece que la tristeza no te ha nublado todos los sentidos. Sí, eso parece. Hay un breve silencio que ella aprovecha para dejar la copa justo detrás de él. Sus cuerpos se han fusionado en lo que un entendido pudiera llamar abrazo, pero en la calle, piensa, esto es más bien un magreo. ¿Te das cuenta? No. Había muchas mesas en las que dejar la copa, elegí esta. ¿Por qué? Quería rozar tu cuerpo y comprobar si por aquí abajo, justo por donde ahora lleva su mano, había también alguien contento con el roce. Mira, ella parece haber perdido la paciencia y las ganas de jugar, somos adultos, tú me gustas, yo debo gustarte, coge sus manos y las lleva a la cintura. Ahora sus cuerpos vuelven a estar muy juntos. Creo que te gusto mucho, quiero que vengas conmigo al baño, que te encierres dentro y que me dejes hacer. Tarda en responder, porque procesar tanta suerte siempre le ha costado. ¿De verdad me estás pidiendo que me meta contigo en el baño? Pero no hay respuesta, simplemente una mano que invita a seguir a un cuerpo espectacularmente creado para mecer las luces de la discoteca. En el baño hay chicas retocándose que apenas se fijan en ellos. Hay besos, se atreve por primera vez a tocar sus pechos con fuerza, a besar su cuello, que sabe a caramelo de fresa. Ella gime y habla, sí cariño, ves, yo te voy a quitar esa tristeza de golpe, es tu día de suerte, te voy a hacer lo que nadie jamás te ha querido hacer. Él sonríe por dentro y recuerda que su ex mujer, bastante recatada en esto del sexo, le dejó demasiadas asignaturas pendientes, tranquila hija, diría si fuera capaz de cambiar gemidos por palabras, no lo vas a tener difícil. Ella se sienta en la taza, le baja los pantalones y saca el sexo, no sin cierta dificultad por la enorme erección. Cariño, sonríe, esto no me lo esperaba, es enorme. Y comienza a besarla. Lo hace con cierta violencia pero concentrada en los puntos donde es bien recibida. Se la mete prácticamente entera en la boca varias veces y lo mira con cara de satisfacción. Ella gime más que él, pero él necesita agarrarse en las paredes para que la flaqueza de sus piernas no lleve a sus huesos al suelo. Va a correrse, así que lleva la mano a la frente para apartarla la cara y ella lo hace, pero sonriendo. Esta es tu sorpresa, dame tu leche para que me lleve tu tristeza, entera, dame esa leche, cariño. Sigue masturbándolo con violencia con la boca abierta, esperando la descarga, que llega en tres dentelladas calientes que no solo llenan su boca, sino parte de los labios, las mejillas. Ella sigue jugueteando unos segundos. Después se pone de pie y le da un tierno y casi ridículo abrazo. ¿Ves cariño que fácil ha sido?, tú solo te tenías que dejar llevar. Ya. Ha sido genial, mi niño, pero me tengo que ir. Y ahí lo deja, sentado, con los pantalones por las rodillas. ¿Recuerdas que te dije que tenía una problema contigo?, pues es que sé que eres una puta y que esto era un regalo de mis amigos para sacarme a mi ex de la cabeza. Pero ella ya no escucha nada, está en el ropero, recogiendo su chaqueta, en un par de horas tiene otra actuación, malditas despedidas de soltero. 

La semana pasada nos desayunamos con la noticia de que un par de tipos racistas habían confesado su intención de asesinar a Obama, el flamante nuevo presidente de USA y por entonces prometedor candidato. Tienen menos de 20 años las joyitas del Kukus y el poder blanco. Al parecer, a parte de creerse superiores y pensar en matar a 88 personas y degollar a otras 14 (parece que son números significativos en su descerebrado credo) compraron unos metros de cuerda y fallaron al intentar asaltar una casa. Y yo me pregunto, sin maldad, si me junto con mis colegas y en un ataque de ateismo planificamos matar al Papa, con todo detalle, con fechas, lugares, ¿somos ya culpables de intento de asesinato?¿Dependerá de la credibilidad que la policía vea en nuestros planes?¿de nuestros antecedentes?¿de lo bien diseñado que esté el plan?¿de si hemos comprado ya los billetes o las metralletas? Me da la impresión de que aquí se caminaría en una delgada línea donde al final acaban cayendo los que, aun creyéndose llamados para la gloria por medio del asesinato, son tan descerebrados como para que sus planes jamás dejen de ser planes. Me da la impresión de que si alguien realmente cualificado para el crimen planea un asesinato como este nos enteraríamos cuando lo llevara a buen puerto o al menos muriera en el intento. Me da la impresión, repito, que estos dos muchachos son unos locos que han encontrado en el racismo una vía de escape a su locura. La diferencia está en que en Estados Unidos es posible que estos locos se armen hasta los dientes, y entoces, entonces da un miedo que te cagas...
Hay personas que sin quererlo, e incluso sin saberlo, te fastidian un gran momento. No voy a decir la vida porque vamos a evitar la tendencia al dramatismo. Son pequeñitos detalles que te hacen dar un bote y acordarte de ciertos árboles genealógicos. Los revueltos. ¿Sabéis lo que son?, ese monumento al colesterol hecho mezclando diversos frutos secos. No me negareis que son al mundo del aperitivo lo que la penicilina a la medicina, toda una revolución. Pues alguien, una mente preclara que recibiría un premio, decidió que en este tipo de producto debían incluirse los pistachos y, lo que es peor ¡ las pipas !. Vale que somos animales, unos más que otros, pero ya puestos a parodiar a algunos de nuestros hermanos preferiría parecerme a un tigre y no a una gallina. Pero ¿en qué cabeza cabe amigo inventor de alimentos y aperitivos?. Este tipo de comidas son para eventos del tipo final de la copa de Europa de fútbol o extraño participante español en algún festival de música. ¿Esperan que nos dediquemos a separar como, digo, cuan gallinas?. ¿Qué sentido tiene revolver algo para que luego tengas que separártelo a la hora de comer?. Es como si te dieran una lasaña y dentro un trozo de piedra, antes de comer busca la piedra, majete. Y que disgusto cuando no lo sabes y abres la boca para recibir el manjar y te lanzas diente al ristre y zas, esa desagradable sensación de encontrarse algo con cáscara. Todo se va al traste, tienes que escupir, es engorroso y fastidioso. Si quisiera tomar revueltos como las gallinas, picoteando, haría lo que se hace cuando se toman frutos secos, poner varios platitos y vas tomando lo que te apetece. En los revueltos buscamos que alguien haga el trabajo por nosotros, que nos los presente todos juntitos y nosotros solo tengamos que zampar y seguir a lo nuestro. Por favor, un poquito de piedad, dejen de ponerle pipas a los revueltos, por amor al domingo con los colegas.