15 de marzo de 2011

EL (¿RE?) ENCUENTRO

Salía de la M40 por una amplia avenida con dos carriles. Aparqué a la derecha y como en el carril de aparcamiento no había más coches una joven fue tras de mí pensando que iba a seguir. Cuando detuve el coche se dio cuenta de su error. La miré por el espejo y le hice un gesto de que aquella era una zona de aparcamiento. Era una mujer de unos cuarenta años con cara de fastidio. Pensé que por su despiste. La dejé pasar antes de bajarme. Llevaba un utilitario pequeño de color oscuro. Me apee tranquilamente, cogí mi bolsa y mi maletín, cerré la puerta y entonces empecé a escuchar un insistente pitido. No era un pitido constante, como el que usamos cuando tras una pirula intentamos que alguien no nos tatúe su matrícula en el parabrisas, era más bien un pitido de saludo amistoso, pero muy insistente. Llegué a pensar que el pitador me conocía. Pero su todoterreno de color vino, que estaba cuatro carriles más allá, en la otra dirección, no me resultaba nada familiar. Entonces vi que delante había pasado la joven del utilitario azul oscuro, la del despiste. Ante la insistencia del pitador detuvo su coche cincuenta metros después. El todoterreno, sin salir del carril de aparcamiento, rompió esa distancia como con prisas. Y no llegó a zanjarla del todo, pues frenó brúscamente antes. Era como si le pudiera el ansia. De él bajó un hombre, también de mediana edad, no muy alto. Sin importarle el devenir del tráfico salió corriendo en busca de la joven despistada, que bajaba también de su coche, quizá con menos prisa. Debieron haberse encontrado a medio camino entre ambos, pero el deseo de él estaba por encima, así que prácticamente se fundieron en un abrazo y un largo beso sobre el maletero del utilitario. Él la abrazaba con fuerza, apretaba sus labios con violencia. Ella parecía algo contrariada, no llegaba a culminar el gesto del abrazo, dejando las manos sobre los hombros, como si marcara las distancias. Él casi que la hacía volar, mientras que ella se dejaba llevar, sin más. Me pudo el decoro, y allí los dejé, pero no pude evitar intentar encontrarle una explicación ¿Eran amantes infieles que había quedado en un punto neutral e iban a ir a un nuevo hotel que sólo conocía él?¿el infiel era él y por eso vivía con tanta pasión el encuentro mientras que ella ya estaba un poco hastiada de la clandestinidad y el pronto la dejaré, mi vida?¿son pareja, ella vuelve de un viaje en el que ha sido infiel a su marido y por eso no se entrega en el abrazo?¿ella es tímida y no le gustan los abrazos en público?¿se han conocido por Internet, llevan meses chateando, se acaban de conocer y ella sigue temerosa ante lo desconocido? en fin, he sido incapaz de situar una verdad a lo visto, ¿qué te parece a ti?

4 comentarios:

Dudu dijo...

Me parece que madrugas demasiado

Dudu dijo...

Ella es infiel y por eso no se prodiga en muestras cariñosas en público. El está sin pareja y le da igual

Dafne dijo...

A mi me parece que él no es de Madrid,es un comercial viajero o un rico empresario catalán..porque en valencia ricos, ricos no quedan, fíjate que al jefe le tienen que regalar los trajes,entonces..el aquí pues también está más libre, tenía que ser casualidad encontrarse con alguien .Ella si es de Madrid,ambos se han conocido por internet pero es el primer encuentro real...ella se ha confundido y ha pensado que tú eras el del encuentro,te sigue,pero el otro la reconoce y claro que impetuuuuuuu.
Dato:me falta conocer si el parecido entre el otro señor y tú es razonable...si lo es,ya esta el caso solucionado.
Besos falleros mojados!

Elena dijo...

¡jesús!...qué pasión XDXD!!!
Veamos, para mí está claro, él se confundió de chica...ésta era la gemela de su auténtica chica y ya se sabe, los gemelos a veces (según qué cosas) siguen el curso de las cosas si a ellos les interesan y hacen de su hermano. Chim-pum.