
Seguro que a muchos les resultará extraño leer de mí palabras benévolas de una parroquia, frases no inquisitivas en torno a la religión o concordancia de pensamientos con quien lleva a Dios por bandera. Soy así. Creo que el Madrid que hoy conocemos muchos, los que hemos vivido toda la vida al sur del Manzanares lo sabemos, no sería lo mismo sin las parroquias de barrio. Hoy en día, gracias a la pérdida de buena parte de su espontánea filosofía obrera, han dejado de ser un referente para pasar a ser un simple reducto (matizable, como siempre) pero en los sesenta, setenta y buena parte de los ochenta, la labor de los curas obreros en los barrios fue vital para que estos dejaran de ser, muy poquito a poco, reductos de marginalidad. Los casos son muchos para exponerlos aquí con ejemplos, pero que le hablen a los vecinos del Pozo del Tío Raimundo (Madrid) de curas obreros, ellos sabrán que contarnos. Tampoco quiero extenderme, entre otras cosas porque he leído sobre el movimiento de los curas obreros (que surgió en Francia a finales de los cuarenta) y creo que mi documentación es demasiado leve.
Quiero escribir hoy de Enrique de Castro, Javier Baeza y Pepe Díaz, curas que, entre otras cosas, han tenido la desfachatez, ¡ válgame Dios ! de oficiar misa en vaqueros y dar rosquillas en lugar de ostias consagradas. Ah, se me olvidaba, también han sido un faro que ha iluiminado a centenares de personas para salir de la marginalidad desde su parroquia (y su casa) de San Carlos Borromeo (Entrevías, Madrid). En un artículo reciente expuse que, desde mi punto de vista, la iglesia está perdiendo clientela porque con su praxis se está alejando del objeto final que no debería ser otro que el feligres y su comunión con Dios. Este es un claro ejemplo.
La labor de estos tres curas en su parroquia no admite dudas, han acogido (y siguen haciéndolo) en sus casas a inmigrantes, toxicómanos, mujeres maltratadas, indigentes, para intentar ayudarlos a salir del túnel. Ha ofrecido espacio para el diálogo a colectivos como "madres unidas contra la droga". Los propios feligreses, hablan de las razones de porqué esta iglesia está llena y las dos que tiene en las cercanías no: "te acogen de corazón sin hacer preguntas, no te fichan". Y porque invitan a la cercanía, me atrevería a decir yo. Estoy seguro de que no hay demasiada postura estudiada en los vaqueros y las rosquillas, sino una cuestión lógica, no hay tiempo para formulismos, están al pie de la calle y les resultaría molesto e incómodo tener que disfrazarse, estableciendo así una línea que los separaría sin remedio, para oficiar las misas. Y eso es inaceptable, les dicen desde el arzobispado, con requiebros dialécticos del tipo que los pobres también tienen derecho a recibir la misa como Dios manda. Prioridades, cúpula eclesiástica (he mordido las teclas para no incluir algún insulto) , los pobres, primero, tienen derecho a dejar de ser pobres, ¿ después?, después, dénles ustedes la misa como les salga de los...perdón.
Preocupados, de todos es sabido, por el devenir de los marginados, desde el arzobispado, ese mismo que se indigna porque Dios, que debía de estar en todas las cosas, esté los domingos en una rosquilla, ha asegurado que la labor social va a verse aumentada porque será Cáritas quien se encargue de ello. Y aquí es donde me asaltan las dudas. Porque hay en la filosofía popular (a la que le gustan mucho las rosquillas y los vaqueros, más que las sotanas y las obleas) una frase que me viene a la mente: si una cosa funciona ¿para qué tocarla?. Hay en Madrid, seguro, centenares de puntos a los que Cáritas no puede llegar, y ¿quiere entrar en un sitio donde ya hay un colectivo que lucha, para sustituirlo sin más?. No será, me digo yo, mi ateismo me lleva por endemoniados raciocinos, que hay un interés económico en todo esto. Algo más incluso que la prevalencia de la jerarquía ecleisiástica. No será que la caridad es un negocio del que la iglesia no quiere perder el monopolio. El 90% de las organizaciones no gubernamentales están relacionadas con alguna religión. Que una parroquia realice su labor alejándose de los preceptos rectos de sus jefes, que acepte incluso muslmanes (¡ infieles !) debe de ser peligroso. ¿Y si a las personas les diera por ayudar sin tener el cristo en la cabeza?. Madre mía, ¡¡¡¡ solidaridad laica, pater, solidaridad laica!!!, ¡ comunismo !, ¡ anatema !.
Como dijo aquel jesuita de la Nicaragua sandinista, "es posible que esté equivocado, pero déjenme equivocarme en favor de lo pobres ya que la Iglesia se ha equivocado durante muchos siglos en favor de los ricos". Amen.
Amén.