26 de febrero de 2026

CALA: 

Ayer vi la película Christy, de Sidney Sweeney, basada en la vida real de una pionera del boxeo femenino en Estados Unidos. La cinta es relativamente interesante, y se centra, sobre todo, en su homosexualidad cercenada, su relación con su marido y manager, y el boxeo en el que acaba como profesional. ,

Si no has visto la película y tienes intención de hacerlo, mejor deja de leer el artículo, porque para dar mi opinión arrastraré algo de información excesiva...

El caso es que buena parte de la chicha de la historia se centra en el maltrato que sufrió por parte de su madre por su condición de homosexual (olvidada, de hecho, por pura presión) y el maltrato físico y psicológico infringido por su marido, un maltratador de manual. La película termina con el intento de asesinato: cuatro o cinco cuchilladas y un tiro en el estómago. La boxeadora salva la vida y el marido es condenado a 25 años de cárcel por intento de asesinato. Eso lo pone en la parte final de la película, donde también te dicen que ella sigue viva, que es promotora de boxeo y, ahí va lo que cala, ayuda a las personas que sufren violencia doméstica. 

Me levanté de golpe del sofá. Cabreado. Que digo cabreado, indignado. Como si después de una comida medianamente razonable te meten un chute de ricino que te revuelve todo lo comido. Toda la película se me desmoronó. ¿Cómo es posible que nos hayamos dejado comer la tostada?¿Cómo es posible que por lo políticamente correcto, por cuatro putas entradas, en una película que versa sobre la violencia que ejerce un hombre sobre su mujer por el hecho de ser su mujer, estemos hablando de violencia doméstica?¿Cuándo hemos hincado la rodilla?¿Cuando nos hemos rendido?

No. Es inadmisible. Y ya es hora de que hagamos algo. 

17 de febrero de 2026

LOS POSOS DEL CAFÉ: Un poco de humor sin la más mínima pretensión...



 

10 de febrero de 2026

 LA FRASE: 

En cuanto tengo diez minutos de sofá (hay veces que el cuerpo me lo pide...) y tiro de mando, lo que suelo hacer es un sondeo: busco películas, series o documentales que puedan interesarme y los pincho para esa mañana de sábado y/o domingo (ventajas de madrugador) disfrutar de lo encontrado. Ayer creía que estaba en esta rutina cuando puse unos minutos el documental sobre la vida de Eloy de la Iglesia, para mí siempre el director del cine quinqui que tanto me enganchó en la adolescencia. Normalmente en cinco o diez minutos me doy cuenta si es candidato y paso a otro. Pero avanzaba, avanzaba, y no le daba al botoncito para pararlo. A la media hora me di cuenta de que iba a ser una tarde de lunes rara y cedí a la tentación de casi dos horas de tele. Miré con pena esas últimas diez páginas de "Cuando era divertido" que aun me quedaban. El documental me gustó mucho, pero no escribo por eso, ni para desglosar mis rutinas de ocio, sino para explicar como una frase, una sola frase, puede subyugar el conjunto entero de una obra, en este caso un docu. La dice un ayudante del director: los comunistas de la transición eran homófobos porque la homosexualidad era un pecado burgués. Os prometo que me acosté recordando, una y otra vez la frase, los comunistas eran homófobos, homófobos...Y me he levantado con ganas de contarlo, así que ahí sigue la frase, los comunistas eran homófobos...

7 de febrero de 2026

 UNA BUENA ENTRENADORA: 

Se que de fútbol, como padre, no puedo opinar. Pero creo que lo que pienso, y he sentido, en estos 15 años ya como padre de jugadores de baloncesto es muy legítimo y válido, y extrapolable al deporte en general. Jugadores como Garuba, Juan Núñez, Hugo González o Baba Miller, han compartido cancha con el mayor. Algunos de los que han compartido marcador con el pequeño, empiezan a llegar a mundo profesional. Así que creo que conozco la presión que supone jugar en la élite. Mi opinión es que la mano dura no sirve. Con los niños menos. Es verdad que de vez en cuando los chavales deben recibir un zarandeo (es pura metáfora) para salir de la parra que les es inherente por edad, pero si los padres, en la grada, somos conscientes, ya estará siendo contraproducente. Y no hablo de aquello de primero el elogio y después la reprimenda, hablo del respeto a la integridad moral de los jugadores. Y no siempre es un grito, puede ser un fallo y el cambio inmediato. El ostracismo en forma de banquillo. Hay muchas formas de ningunearles e incluso de faltarles al respeto. Lo he visto, incluso una vez, como espectadores del equipo contrario, tuvimos que poner freno a los desmanes de un entrenador. Por eso me ha gustado tanto este video. Es verdad que será oportunista, y que esta chica tendrá sus malos momentos, pero resume en muy pocos segundos lo que debe hacer un entrenador con los chavales. Otros, con los que yo me he encontrado, parecen llevarlo a lo personal, como si el jugador, fallando, estuviera hiriendo, y de manera intencionada, sus sentimientos. 

Os dejo el video, que a mí me ha gustado mucho. 


NOTA FINAL: Nunca he sido entrenador, pero me hubiera gustado que mi perfil como tal se pareciera al de esta chavala. Claro, que lo mismo es lo que intenta el 100% de los entrenadores a los que en algún momento he censurado en estos años...

6 de febrero de 2026

3 de febrero de 2026

 SOMOS PERSIANAS: Siempre que se pueda, mejor con humor...