29 de mayo de 2008

SILENCIOS


Mi pareja y yo somos de esas personas, de esas parejas, que en las bodas suelen poner en la mesa menos homegenea, en la que casi nadie se conoce para que esté asegurada la conversación y las risas. Nos gusta contar historias y hablar. Podría sacar pecho (yo menos que ella, por su puesto) y decir que soy (mejor que hablemos solo de mí) muy sociable. Pero tal vez se le pueda dar la vuelta a la tortilla y reconocer que no soporto los silencios. Creo que he llegado a confiar en una persona, a quererla de forma definitiva, cuando puedo estar muchos minutos a su lado en silencio sin que esto suponga incomodidad alguna para ninguno de los dos. El silencio pesa más que una conversación intrascendente. En las comidas de trabajo cuando hay un pequeño silencio suelo ser yo el que lo rompe, con un chascarrillo, con una idea, con una pregunta, con una polémica. En cambio, y no deja de ser curioso, en los ascensores no soy de hablar nada. No me importan esos cuatro, cinco, seis pisos en silencio con un desconocido. Supongo que no hay tiempo, son diez segundos, ¿qué voy a decir?¿algo sobre el tiempo?. Pues no, eso he de reconocer que no me sale, ese silencio no es nada incómodo. Además me gusta contar historias, mantener a la audiencia entretenida, a poder ser intrigada, y si ya hay un final que rompa con unas carcajadas mejor que mejor. Me descubro muchas veces escuchando la radio y pensando, vaya, ya verán mis compañeros cuando se lo cuente, y llego a la comida y empiezo por el formulando de siempre: ¿habéis escuchado lo de...?. Soy un poco cuentista, sí, eso será, supongo que parte de las razones por las que cada mañana os doy la barrila desde este blog viene de esa manía. Aquí sí, aquí sí que no soporto los silencios. Dime algo...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, pues te digo...

Ya sé que te gusta contar cosas, eso es algo que comprobamos en el blog las personas que te leemos....y las cuentas muy bien, Larrey, despiertas nuestro interés y disfrute y entretenimiento; además de reflexión. Yo soy en esto un poco "antigua" y sigo manteniendo mi libreta donde escribo mis cosas, no exactamente un diario pero mis cosas,,, a veces las repaso después de tiempo y veo con otra perspectiva aquello que en su momento me atormentó, me emocionó, me enamoró, o lo que sea. Para mí es un acto muy privado e íntimo y ese cuaderno sólo lo leo yo.

Luego, por mi profesión, estoy muy habituada a escuchar con mucha atención, porque estoy pendiente de la expresión de los otros... y también me veo obligada a hablar bastante, por lo que a veces, el silencio para mí es un remanso de paz, una necesidad vital. Así, cuando más a gusto estoy es cuando puedo compartir conversación y silencios con algunas personas, pocas; y, con el resto pues me pasa como a ti, me violentan un poco los silencios pero sobre todo cuando no estoy con íntimos. También reconozco que los silencios de los demás me perturban algo, porque no sabes qué efecto tienen tus palabras, así, si casi nunca son comentados los comentarios que hacemos por ejemplo en un blog, puede ocurrir que se tenga dudas sobre si tienen algún efecto o no o si le somos indiferentes a su “blogger”; claro, también hay otra fórmula en esto de los blogs, cuando diferentes bloggers interactúan, cada uno puede participar en el blog del otro y no tiene por qué atender cada comentario que le hagan en el suyo… Uy, no sé si me estoy yendo por las ramas pero, ya que ha salido el tema del silencio lo he querido “contextualizar” en esto de los blogs.

Un abrazo, Larrey

Larrey dijo...

ME ha encantado, ya te podías dejar llevar más amenudo. Pero sí que es verdad que no tengo la costumbre (que estoy rompiendo ahora) de comentar los comentarios, veo esto como el artículo mi espacio y la réplica la vuestra. Pero siempre, siempre, leo los comentarios. No hay uno solo que no haya leído. Es más, me produce cierta tristeza cuando veo un artículo sin comentarios, que me pasa algo parecido a lo que ocurre con mis no respuestas, ¿es que no le habrá calado a nadie?